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"En Latinoamérica, a las transexuales nos matan como si fuéramos animales"

Cuatro historias unidas por lo mismo: huyeron de sus países porque eran perseguidos o acosados por su orientación sexual o su identidad de género. Llegaron a Madrid para pedir asilo y "poder caminar por la calle sin que nos apedreen o nos insulten"

La noche de la matanza de Orlando en la que un joven de 29 años irrumpió en un local gay y mató a cincuenta personas; la abuela de Obet, delante de la televisión,  suspiró; y después de lanzar un insulto, dijo que esos jóvenes lo merecían. Obet, de 22 años, se levantó del sillón de la casa familiar, en la zona oriental de Honduras, y se encerró en su habitación durante días. Hacía tiempo que había confesado a su abuela y a sus padres que era gay. Sin embargo, cada vez que los vecinos preguntaban a algún familiar si Obet tenía novia, estos siempre respondían que el joven solo dedicaba su tiempo a estudiar y que no tenía tiempo para las mujeres. Por eso se licenció en Ingeniería y en Magisterio, "porque me refugié durante años en estudiar para que nadie se diera cuenta de mi orientación sexual", explica. Sin embargo, el día que se reunió con su tutor de la universidad para realizar prácticas como ingeniero, este le dijo que no podía dedicarse a la profesión por ser gay. "Porque los gays - explica Ismael, su pareja - en Honduras somos considerados sidosos, el último eslabón de la sociedad". Ismael pudo terminar los estudios secundarios, a pesar de que a los quince "cuando comencé a interesarme por lo femenino y vestía ropa ajustada y me pintaba las uñas", el director del centro le obligó a estudiar en horario nocturno. "Para que me viera el menor número posible de alumnos". Porque sus profesores, asegura, estaban convencidos de que podría "homosexualizar" el resto de alumnos.

Ismael y Obet se conocieron en una asociación LGTBI en Honduras. Llevan tres meses en Madrid, un viaje al que dedicaron todos sus ahorros. "Porque yo conseguí trabajar, tener auto, ser autónomo. Pero en mi país te cierran puertas profesionales cuando saben que eres gay". Acaban de realizar la primera entrevista para solicitar asilo en España por persecución por orientación sexual en su país de origen, un motivo que la legislación española introdujo en 2009 como una condición específica para poder socilitar asilo político. El 16% de las personas que pasaron por el servicio madrileño de información y atención integral a las personas LGTBI en el último año, pidió asilo político por la persecución y el maltrato que sufren en su país de origen.

Como David, un venezolano de 34 años y Tatiana, una chica transexual de 38; también del mismo país. Ambos llegaron a España para poder vivir tranquilos. Cuando preguntas cómo han vivido su orientación sexual y su identidad de género en su país, Tatiana contesta que "a las trans las matan, le cortan el pene y las acosan por la calle". Recuerda el día en el que vió a un grupo de transexuales en un mercado de su ciudad y los propios comerciantes le tiraban verduras y frutas a su paso. "Yo salí corriendo, las querían agredir".

David lleva varios meses tramitando el asilo. En Venezuela, cuenta, "no podía prosperar en lo laboral, a pesar de que durante un tiempo tuve trabajo y dinero. Pero vivía perseguido. Viví durante varios años con gays, y en ocasiones nos tiraban piedras a la casa o nos rallaban el coche. Los vecinos pensaban que por ser homosexuales, hacíamos orgías en casa".

Todos coindicen en lo desagradable que les resultó la primera entrevista para iniciar el trámite de solicitud de asilo. "Me sentí como un número más, no percibí ninguna sensibilidad por parte del funcionario", explica Ismael, que subraya lo difícil que es hablar de su condición sexual en las entrevistas después de haber sido perseguido por este motivo en Honduras. A Ismael y a Obet les resulta extraño todavía cogerse de la mano por la calle. De hecho, se fuerzan a hacerlo. Hace unos meses podían ser agredidos por eso. "Y en Madrid sentimos una libertad que nunca antes habíamos conocido".

Es viernes, y horas después de la marcha que en recordó en la capital la primera manifestación LGTBI madrileña hace ahora cuarenta años, Ismael; Odet; Tatiana y Davis, conversan en la sede de KIF-KIF, una asociación de personas migrantes y refugiadas LGTB, sobre sus historias, sus miedos, su pasado y sus proyectos. Y celebran lo importante, aseguran, que es compartir estos problemas con gente que ha pasado por lo mismo. Y critican también el olvido que existe cuando se celebra el orgullo de realidades como la de las personas migrantes que huyeron de sus países por su orientación sexual o identidad de género.

 

 

 

 

 

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