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Irlanda del Norte, cuatro días de contrastes

  • La primera sensación cuando recorres Irlanda del Norte, es estar ante un mundo de contrastes.
  • Playas kilométricas, acantilados, vistas de película, prados muy verdes, ovejas, vacas, una restauración muy variada y cuidada y casi lo único importante: gente afable, sonriente, optimista y sencilla.

Elena Morales en Irlanda del Norte /

REPORTAJE:

La primera sensación cuando recorres Irlanda del Norte, es estar ante un mundo de contrastes.

Playas kilométricas, acantilados, vistas de película, prados muy verdes, ovejas, vacas, una restauración muy variada y cuidada y casi lo único importante: gente afable, sonriente, optimista y sencilla.

Nos encantó Derry. Una ciudad que aúna modernidad y tradición pero que desprende una etapa histórica que afecta prácticamente a todos sus ciudadanos. El largo conflicto entre católicos y protestantes está en todas partes. Por eso es necesario destacar el Peace Bridge como símbolo de como está evolucionando la sociedad y muestra de acercamiento entre las dos partes.

Además las murallas de Derry cumplen 400 años y no debemos perdernos la visita al interior del Ayuntamiento.

Visita obligada también son los murales reivindicativos  en el Barrio de Bogside.

Pero para llegar a Derry, salimos de Belfast (hay vuelo directo entre Valencia-Belfast) buscando un recorrido costero lleno de acantilados y praderas verdes unidas al mar.

En ese serpenteante camino, hay paradas obligatorias. Carrick-A-Rede es un famoso puente suspendido entre dos rocas a treinta metros del mar.

Un millón de personas hicieron parada el año pasado en la Calzada del Gigante. Un prodigio de la naturaleza declarado Patrimonio Mundial por la UNESCO.

El éxito mundial de la serie Juego de Tronos hace que ya exista un turismo cinéfilo. En Irlanda del Norte se han grabado algunas escenas inolvidables. Especialmente impactantes resultan el puerto de Ballintoy y Dark Hedges, una impresionante avenida de hayas, situada cerca de Gracehill House. La familia Suart la plantó  en el siglo XVIII; siglos después crean sombras propias de leyendas.

El origen del viaje, fue Belfast. Una ciudad con el encanto algo más tosco de las zonas con tradición industrial que se mezclan con calles llenas de música y fiesta.

Es muy recomendable la visita al espacio donde se diseñó el Titanic y en majestuoso museo que guarda los secretos de la tragedia naval.

Otra de las sorpresas del viaje es la influencia que los medios especializados de la Comunitat Valenciana tienen en el influjo viajero del país. Desde Alicante y Benidorm, consejeros imprescindibles son Mochileros dos punto cero y Vero 4 travel.

A partir de cuatro días, se puede descubrir un destino que se quedará instalado en ti mucho tiempo.

FOTOGALERÍA:

Fotogalería / Elena Morales

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