Una boda de la nobleza, la inauguración de un hotel y la primera piedra de una parroquia

En ‘Hoy por Hoy Vitoria’ hablamos del ajetreado mes de julio que tuvo en 1958 el Obispo de Vitoria

El hotel inaugurado, la iglesia donde se celebró la boda y la primera piedra de la parroquia /

El Obispo de la Diócesis de Vitoria, Francisco Peralta Ballabriga, tuvo un fin de semana ajetreado, en el mes de julio de 1958. A las “labores” propias de su cargo hubo de añadir tres eventos en los que estuvo presente para impartir su bendición apostólica: la boda de un nieto del Marqués de Foronda, la inauguración del Hotel Canciller Ayala y la primera piedra de la parroquia de la Coronación.

El primer acontecimiento al que asistió el Obispo fue una boda protagonizada por la nobleza. Mariano de Foronda y González-Bravo (1873-1961) ostentaba en 1958 el título nobiliario de Marqués de Foronda, heredado de su padre Manuel (1840-1920), que fue el primero en poseer el marquesado.

Sobre Mariano de Foronda podemos ofrecer tres datos bibliográficos: intervenido en la guerra de Filipinas (1895-1898), fue destacado empresario y ostento el cargo de director de la Exposición Internacional de Barcelona de 1929.

La casa solariega de los Foronda se encontraba y se encuentra en el pueblo alavés del mismo nombre, y allí el Marqués pasaba algunas jornadas de descanso, principalmente en verano. Hoy este edificio es propiedad de la Diputación Foral de Álava.

LA BODA

En la mañana del sábado 5 de julio de 1958, el vecindario del pueblo de Foronda fue testigo de un acontecimiento excepcional: la boda de Manuel de Foronda y Senmenat (1932-2012) - un nieto del citado marqués Mariano de Foronda -, con la señorita María Dolores Torres de Navarra Palá, cuya familia paterna era descendiente de los antiguos Reyes de Navarra. Tan magno acontecimiento de la nobleza movilizó a todos los vecinos de la localidad, que engalanaron las calles con banderas, gallardetes y flores.

Desde el palacio familia, la comitiva se trasladó a pie hasta la iglesia de San Martín, donde se celebraría la ceremonia. Las campanas de la parroquia se echaron al vuelo, numerosos cohetes fueron lanzados al aire y el cortejo avanzó sobre una alfombra de hojas de espadañas depositadas en el suelo a lo largo de los ciento veinte metros del recorrido.

Encabezaron el desfile dos primos de la novia, que portaban los anillos y las arras, y que vestían con traje de terciopelo. A continuación marchaba la novia del brazo de su padre Ramón Ignacio, con un vestido de faya natural – tejido grueso de seda - de color blanco, cubriéndose la cabeza con un manto de encajes de Inglaterra, sujetado con una diadema de brillantes.

Tras ellos caminaba el abuelo del novio, el Marqués de Foronda, con uniforme de la Orden de Malta y cruzado el pecho con la banda de la Cruz de Carlos III. Daba el brazo a la madre de la novia, María Teresa de Palá, que vestía traje de malva, cubriéndose el cabello con una mantilla de encaje negro. Ambos, además se ser familiares directos de los contrayentes, ostentaban la representación de los Condes de Barcelona, que estaban invitados al enlace y habían excusado su asistencia.

A continuación marchaba el novio, con uniforme de la Orden de Malta, junto a su padre ataviado con el traje de caballero de la Orden de Montesa. Ambos iban acompañados del tío del contrayente Manuel de Foronda, que lucía el uniforme oficial de ingeniero industrial.

En la entrada del templo el abuelo del novio cogió del brazo a la novia y el contrayente entró en la iglesia, llevando del brazo a su futura suegra.

El cortejo accedió a la iglesia rodeado de un gran grupo de vecinos y curiosos que habían esperado ansiosos en la entrada del templo para poder ver de cerca a los novios.

La iglesia se encontraba resplandeciente de luces y adornada con ramos de gladiolos, colgando de las barandillas los escudos de armas de la familia Foronda.

Los invitados ocuparon los sitios preferentes, y se dejó un espacio para que el pueblo llano pudiera presenciar el acto religioso.

La unión fue bendecida por el Obispo de la Diócesis Francisco Peralta Ballabriga (1911-2006), que dirigió una plática a los asistentes, cediendo el resto de la celebración de la misa al párroco de la localidad, Recaredo Sainz de Aja.

La Escolanía de Tiples del Conservatorio Jesús Guridi interpretó escogidas composiciones religiosas durante la ceremonia, al final de la cual se dio lectura a un telegrama en el que el Papa impartía su apostólica bendición al nuevo matrimonio.

Tras firmar al acta matrimonial, los recién casados salieron del templo seguidos de sus familiares e invitados mientras sonaban los acordes de la marcha nupcial y ellos atravesaban los arcos formados por espatadantzaris del grupo de danzas vitoriano “Txirinbil”, el más antiguo de Álava, que fue fundado en 1952 por Manolo García de Andoin.

El palacio del Marqués de Foronda disponía de una hermosa finca de casi tres hectáreas, con llamativos jardines y en un balcón de la fachada principal de la casa se había colocado para la ocasión un gran repostero amarillo con el escudo de armas del marquesado, y en lo alto lucía la corona de Grande de España.

En una estancia cubierta del jardín se sirvió un esplendido aperitivo y seguidamente los invitados fueron acomodados bajo “umbráculos” - espacio cubierto de ramas u otros materiales - para protegerse del sol durante el banquete nupcial.

Durante el ágape una orquesta acompañó a los comensales con sus interpretaciones y el grupo de danzas Txirinbil deleitó a los asistentes con sus danzas vascas, acompañadas de la música del txistu y el tamboril, siendo muy aplaudidos. Avanzada la tarde se dio por finalizada la fiesta, con un baile de que fue iniciado, como es costumbre y tradición, por los recién casados.

NUEVO HOTEL

Tras el banquete, el obispo Francisco Peralta tuvo que abandonar la fiesta y trasladarse al centro de Vitoria para asistir a las seis y media de la tarde a la inauguración de un nuevo alojamiento en la calle Ramón y Cajal: el Hotel Canciller Ayala.

Para su construcción fue necesario derribar dos casas. Una de ellas fue construida el año 1866 por José Echagüen y la otra era propiedad del marqués de Casajara.

Casas derribadas para construir el Hotel / Santiago Arina/Archivo Municipal de Vitoria

La nueva instalación había sido promovida por Hoteles Asociados, cuyo consejo de administración presidia Jesús Abreu, del que formaban parte entre otros como consejeros: Ambrosio Arroyo, Manuel Lobo, Ignacio Lascaray y Félix Alfaro Fournier.

La obra había sido proyectada y dirigida por el arquitecto Ambrosio Arroyo Alonso, siendo los aparejadores Mario López de Guereña y Francisco Ruiz de Arriba, que simultaneaban la actividad privada con un puesto en la Diputación Foral.

Una larga lista de autoridades y “notables” de la ciudad se encontraban presentes en la inauguración que dio comienzo con la bendición del edificio por parte del Obispo, que estuvo acompañado del párroco de San Miguel, José de Santiago.

En lugar preeminente de la planta baja, se hallaba colocado un cuadro del Canciller Ayala, obra del pintor Carlos Sáez de Tejada.

El Sr. Abreu, dirigió a los presentes un largo discurso del que entresacamos algunas frases referidas al nombre del hotel y al progreso deseado para la ciudad: “El nombre de este hotel que hoy inauguramos no podía ser otro, que el de aquel extraordinario alavés que se llamó y pasó a la historia con el sobrenombre de Canciller Ayala. Fue el hombre más completo e importante de su tiempo y a él ofrecemos sus paisanos, mitad como homenaje, mitad como monumento, este hotel levantado para fomento de Vitoria y en recuerdo de tan insigne hijo.

Deseamos hacer de esta Vitoria una de las ciudades más ricas, progresivas e industriales, para que sea jalón capaz de hacer historia en esta incorporación nuestra a la economía de la nueva Europa a cuyo nacimiento estamos asistiendo.”

Los asistentes al acto fueron obsequiados con un lunch y, varios de ellos, accedieron a la terraza de la última planta donde pudieron disfrutar de una vista privilegiada de la ciudad.

En el nuevo Canciller Ayala se celebró por la noche una cena de gala con presencia de las autoridades y a la que concurrieron muchos matrimonios vitorianos que no querían perderse el acontecimiento. Tras la cena continuaría el festejo, con un baile amenizado por la orquesta “Teleférico” de Caracas.

El domingo por la tarde se daría paso a la juventud con una animada fiesta denominada “te baile”.

La sociedad propietaria del hotel “fichó” como director del mismo a Román Miret Varea, un profesional con dilatada experiencia, que había prestado sus servicios en el prestigioso Hotel Palace de Madrid y había dirigido, entre otros, el Hotel Oriente de Barcelona.

El Archivo Municipal de Vitoria-Gasteiz posee una apreciable colección de fotografías obtenidas entre 1956 y 1963, tanto de la calle Ramón y Cajal como del hotel. En el vídeo que va a continuación pueden verse.

PRIMERA PIEDRA

Al día siguiente, domingo 6 de julio, se efectuó la colocación de la primera piedra de la Parroquia de la Coronación de Nuestra Señora, ubicada en calle Eulogio Serdán.

Hasta entonces, en las calles que rodeaban a la futura parroquia, se habían construido unos pocos bloques de pisos y en ese año de 1958 se estaban construyendo numerosos bloques más. En el diario Pensamiento Alavés, se indicaba la necesidad de resolver el problema de la existencia en el lugar de un río a cielo abierto: “Por medio de los terrenos donde se ha de construir la parroquia, discurre el popular rio “Txirrio”, que inmediatamente habrá de ser embocinado, para evitar las incomodidades y hasta peligros sanitarios, incluso durante las mismas obras de construcción.”

Primera piedra de la parroquia / Enrique Guinea/Archivo Municipal

Francisco Peralta no tuvo que madrugar para asistir al tercer evento del “finde”. A las doce la mañana se efectuó la colocación de la primera piedra de la nueva parroquia a la que asistió numeroso público que se congregó en las aceras de las calles colindantes al solar.

Estuvieron presentes en el acto el alcalde Luis Ibarra, el presidente de la Audiencia, Francisco Casas; el vicepresidente de la Diputación, José María Pobes; el arquitecto autor del proyecto, Miguel Fisac, el aparejador Luis María Sánchez Iñigo y como no, la representación castrense a través del gobernador militar Celestino Ruiz.

El Obispo procedió a la bendición del bloque pétreo y, acto seguido se enterró, junto con un canuto de zinc en el que se había introducido el acta correspondiente, monedas de la época y periódicos del día. El Sr. Obispo arrojó la primera paletada de mortero sobre la piedra y seguidamente lo hicieron las autoridades presentes. A continuación, Peralta Ballabriga recorrió todo el trazado de la futura iglesia continuando con las bendiciones.

Para que la gente se hiciera una idea de la disposición del nuevo edifico a construir se trazó en el suelo con ladrillos la configuración del futuro templo y sus dependencias anexas.

Vista aérea / Catastro/DFA

En aquella época Vitoria iniciaba un desarrollo y crecimiento espectacular y la Iglesia debía construir parroquias al mismo tiempo que se urbanizaban nuevas calles y se construían las viviendas.

Una foto aérea nos muestra hasta donde había llegado la zona urbana de Vitoria, en 1957-58.

La parroquia de Coronación / Iñaki Armentia/Archivo municipal de Vitoria

En aquella sociedad conservadora no se quería correr el riesgo de que los fieles se alejaran de la fe, así que la Iglesia se esmeró en levantar iglesias en todos los nuevos barrios que se construían. En el diario local El Pensamiento Alavés se escribía literalmente lo siguiente: “El Sr Obispo de la Diócesis, conocedor de las necesidades espirituales de Vitoria y en especial a la atención que merece y urge la Ciudad con el agobiante crecimiento y la creación de nuevos barrios, viene estudiando la conveniente reforma de las demarcaciones parroquiales y la construcción de nuevas iglesias que auxilien a las actuales, para atender con el debido cuidado a su creciente feligresía.”

El arquitecto Fisac, que proyectó y dirigió la obra de la nueva parroquia, fue un especialista en construcción de edificios religiosos. Suyas son las iglesias del Espíritu Santo, Santa Ana de Moratalaz y Flor del Carmelo, las tres en Madrid; la de El Pilar en Canfranc (Huesca); la de Pumarejo de Yera (Zamora) y la de los Padres Dominicos en Valladolid.

 

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