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"El realojo es una oportunidad para que descubran quiénes somos"

El Ayuntamiento de Madrid y la Comunidad financiarán a partes iguales el realojamiento de los habitantes del poblado chabolista de "El Gallinero"

Las chapas y las telas superpuestas hacen de edificio en esta iglesia -núcleo social del poblado- que esta mañana se ha convertido en una improvisada sala de prensa. En la puerta, dos chicas de no más de ocho años preguntan si pueden entrar con un perro; un buldog negro que babea. "Se llama Toby", gritan orgullosas al grupo de policías que vigilan la zona y que hacen un pasillo humano desde la entrada del núcleo de chabolas hasta la puerta de la iglesia. Esperan a la comitiva de políticos, funcionarios, periodistas y cámaras que dotan de un exotismo ridículo a este poblado tan olvidado durante casi dos décadas, y tan ajeno a esos ritos a pesar de estar tan solo a 12 kilómetros de la Puerta del Sol.

Los habitantes del poblado, rumanos de etnia gitana, y que ha sido uno de los más grandes de Europa; acoge a más de 111 personas, 103 de ellos menores de edad. Y van a ser realojados antes de septiembre. Es la promesa de la alcaldesa Manuela Carmena y del presidente Ángel Garrido, que se han desplazado hasta el poblado para anunciar que financiarán de forma conjunta la reubicación de las familias en viviendas de alquiler social o en pisos compartidios supervisados por los servicios sociales, dependiendo de la situación y los recursos de cada familia. Porque el criterio para acceder a las ayudas es que su situación esté regularizada y que trabajen. Algo que hacen la mayoría de las familias, como han explicado los trabajadores de los servicios sociales del Ayuntamiento.

 

En el poblado trabajan voluntarios de la Cruz Roja, de Cáritas, y de la parroquia San Carlos Borromeo, así como trabajadores sociales del Ayuntamiento. Su principal reto en los últimos años ha sido ofrecer alternativas laborales a sus habitantes -que conviven con el estigma de dedicarse al hurto de cobre-, la escolarización de los más pequeños, y la formación académica de los jóvenes. Alina, de 25 años, pudo estudiar un curso de mediación gracias al apoyo de los voluntarios, y confía que ahora pueda encontrar trabajo, algo que paralizó para cuidar a sus cuatro hijos. Samuel, de 21 años, también acaba de terminar sus estudios y confiesa que "nos encontraremos con racismo en nuestra nueva residencia, porque existe el racismo. Pero cuando nos vean seguramente dirán que somos otra cosa, y no lo que pensaban. El realojo es una oportunidad".

 

"El desalojo no es un café para todos"

El proceso para identificar la situación de cada familia es, como explica Luis Nogués, director del servicio de Integración Comunitaria, complejo e individualizado. "Aquí hay gente que proviene de Rumanía, donde eran trabajadores de la industria que tuvieron que emigrar y ahora viven en una situación de mucha pobreza. Pero también hay familias con los suficientes recursos como para pagar un alquiler", explica Luis Nogués, director del servicio de Integración Comunitaria. "También hay familias que consideramos que todavía tienen que incorporar determinados hábitos para poder convivir solas en una vivienda. Estas, junto con aquellas que no tienen recursos, irán a pisos compartidos con un acompañamiento social", aclara, y reitera que el reto ahora es que desaparezca el estigma sobre estas personas.

 

 

 

 

 

 

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