Turismo en alerta

Los datos de ocupación de la primera quincena de julio en Benidorm han encendido un pilotito rojo en el cuadro de mando del turismo en la Comunitat Valenciana. Está claro que hay factores externos que han influido en esta caída a niveles de la crisis: la estabilidad de otros destinos que son competencia directa, por ejemplo. Pero sería conveniente hacer dos reflexiones: la primera, que hay que ser realistas, porque el crecimiento de nuestro mercado, a nivel cuantitativo tiene techo, y ese techo, además puede bajar por el Brexit. Así que habrá que ser cautos con las expectativas.

Y la segunda, que el futuro va a depender, y mucho, de cómo reinventemos nuestra oferta. Porque el sol y playa hay que mantenerlo, pero también hay que adornarlo con calidad y profesionalización, además de diversificar la oferta. Y eso es incompatible con fenómenos como la precarización del mercado laboral o los apartamentos turísticos sin regularizar.

En estos tres años, la Agència Valenciana de Turisme ha hecho esfuerzos por enderezar este rumbo, pero mucho nos tememos que habrá que redoblarlos, en colaboración con el sector, para poder hacer frente a las curvas de esta carretera de segunda, que de lejos parecía una autovía.

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