La opinión de Juan Miguel Alonso

Señales y signos

(...) El universo mundo está plagado de signos y señales que pasan ante nuestros ojos sin que apenas reparemos en ellos (...)

El universo mundo está plagado de signos y señales que pasan ante nuestros ojos sin que apenas reparemos en ellos. Nos ocurre en la piedra de las catedrales o en el adjetivo que cierra un verso, pero también en las declaraciones de cualquier consejero engominado cuando proclama “la administración soy yo”, como un Rey Sol de la adjudicación de obra pública a quien me salga de mis reales gónadas.

Otro tanto ocurre con ese Ayuntamiento legionario, que se proclama emperador de la transparencia, mientras subvenciona con 14.000 eurazos un Encuentro internacional de Ocultismo. Nada como la oscuridad para valorar la dulce luz. El que no se entera es porque no quiere.

Es lo mismo que cuando el bello Sánchez dice que “este es un Gobierno que hace lo que dice”. Y efectivamente ahí está la derogación de la LOMCE, las devoluciones en caliente de los inmigrantes malos o la publicación de los agraciados por la Amnistía Fiscal para constatar que la política posmoderna se ha instalado definitivamente en la grandeza semántica frente a la miseria de los hechos. Que la realidad no te estropee nunca un buen titular.

Idem del lienzo ha debido pensar en estos días de vuelta al cole el Rey Nuestro Señor, que lleva una semana de Publirreportaje en todos los medios del reino para cantar las grandezas de nuestra escuela. Por eso, ahora que ya no queda si no bilingüismo y excelencia en las aulas, sólo faltaba por borrar la mácula de los centros gueto que ahora se pasan a llamar centros 2030. Qué grande, hermosa y dúctil es la lengua. Incluso la de los mandarines masterizados que nos mienten cada día.

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