"En la calle se pasa mucho miedo"

Conocemos el testimonio de 'Laura', que cuenta la inseguridad de las mujeres que ejercen la prostitución en la calle

Nos encontramos con Laura (nombre ficticio para preservar su intimidad) y Ana Montes, trabajadora social de Cruz Roja. Lleva años sufriendo la inseguridad que se vive ejerciendo la prostitución en la calle. Pero desde hace tres meses, está decidida a emprender un nuevo camino.

"Hace tres meses, a finales de mayo en la feria de Córdoba, entraron en casa y dije 'ya'. Me dio mucho miedo. Ya trabajo cinco minutos. Me da pánico. Ya no sólo en el trabajo sino en mi casa", nos cuenta con una mirada decidida. Se nota que está feliz ante la perspectiva de dejar atrás para siempre esta pesadilla.

Laura llegó en 2002 a España para buscarse la vida y pagar la hipoteca de sus padres en Rumanía. Comenzó en un club en Barcelona, luego se casó. Cuando todo salió mal, vino y Córdoba y se aventuró a prostituirse en la calle. Tenía que sobrevivir. Desde entonces ha vivido verdaderos episodios de terror.

"Fui violada, hace casi dos años un individuo corrió detrás nuestra con pistolas y cuchillos...de verdad que cogí mucho miedo. Yo voy temprano y como mucho estoy dos horas, porque luego vienen borrachos, vienen drogados, de todas las formas, y a mí me da mucho miedo", explica.

Laura, como el resto de sus "compañeras" en la calle, recibe la ayuda de entidades como Cruz Roja. que tiene en marcha un servicio de teleasistencia para la protección de víctimas de violencia de género que las salvó en ese momento. También cuentan con asesoramiento y entrega de material preventivo e higiénico.

Y tras un largo camino, Laura está en ello. "Creo que necesitamos una ayuda que nos integre. A mí me toca. Me voy a liberar un poco y voy a estudiar. Se lo dije a Ana y aquí estoy".

"Me gustaría destacar la situación de vulnerabilidad en la que se encuentran, es un problema muy grave. Ella ha buscado ayuda y se ha dejado ayudar y eso es muy importante. También hay otras que no quieren o no es su momento. Y nosotras respetamos ese ritmo. Ella ha hecho un trabajo consigo misma y ahí hemos estado como bastón, igual que ortas entidades", detalla Ana Montes.

Laura tiene que lidiar con la inseguridad en la calle y en su casa, con la "vergüenza" de tener que llevar una doble vida, con los problemas de salud acumulados de años y con la pobreza. Por eso está empeñada en arreglar toda su documentación, formarse y conseguir trabajo. Está orgullosa de cómo ha mejorado su dicción tras un curso de comunicación realizado en Cruz Roja. Habla casi a diario con Ana. Cuando piensa en el futuro, los ojos se le iluminan.

Se emociona ante la grave situación que sufren personas cercanas, controladas por explotadores sexuales o "chulos". Se alegra porque esta semana puede ir a recoger una partida de alimentos de ayuda social, o por las ayudas en emergencia de Servicios Sociales que le han permitido pagar el alquiler dos meses. Está sola pero sólo ve amigas entre las personas que la ayudan.

Sobre una posible legalización de la prostitución, Laura nos deja esta pregunta: "¿Cómo? Porque por ejemplo si nosotros somos quince chicas, sólo otra y yo estamos solas pero las demás no trabajan por ellas, es que éste es el problema. Hay que ayudarlas. Yo les daría un consejo, que me miren porque también lo he pasado pero que vayan poco a poco. Igual que a mí me lo han dicho. Es un cambio totalmente de vida. Es tranquilidad, paz. Ufff...un cúmulo de cosas".

Durante el primer semestre del año, Cruz Roja ha atendido a 24 personas que ejercen la prostitución en la calle. El perfil es el de mujeres, extranjeras (principalmente rumanas o nigerianas) y pobres. Personas vulnerables que se ven abocadas a ello para conseguir recursos económicos.

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