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Signos de los Tiempos

SIGNOS DE LOS TIEMPOS

Leí una vez que al paranoico todo le habla. Que para él todo es signo de algo. Un paranoico extrae significados –casi siempre delirantes- de cualquier cosa, hasta de las más nimias. Sube una escalera y el número de escalones responde como una margarita desojada. Por eso Dalí llamaba a su método «paranoico-crítico». He jugado esta semana a ese juego y me quedo con dos ejemplos. Son reales, pero parecen fábulas. Signos de los tiempos, como en aquella canción de Prince.El primero, extendido con esa lógica de lo viral tan de hoy en día, probablemente muchos de ustedes lo hayan recibido en su WhatsApp. Se trata de uno de esos supuestamente divertidos archivos de audio de los que a uno le llegan veinte o treinta al día. Borro casi todos, pero esta vez le di al «play». La voz parece ser de una mujer de mediana edad que habla con acento impreciso, vagamente sudamericano. Hecha un mar de dudas, la tipa dice algo así como lo siguiente: «Una pregunta, ¿si yo bloqueo a alguien de Facebook y después yo voy y me lo encuentro por ahí por la calle, esa persona me puede ver a mí?». El segundo hecho me asalta en la prensa. Un jubilado holandés de 69 años inicia una batalla judicial para conseguir que se le reconozca legalmente la opción de ser 20 años más joven. Para ello pide el nota que el tribunal ordene cambiar en su pasaporte la fecha de nacimiento. Dice sentirse joven y pone como ejemplo de la discriminación que sufre lo poco que liga en «Tinder», la red social de citas, cuando pone su edad real. Alega que cuando dice que tiene veinte años menos todo cambia a mejor.Dos anécdotas. Reales. Bastante mensas ambas. Banales más que graciosas. Pero esconden enseñanzas morales para este tiempo nuestro. Me hicieron recordar aquel titular de El Mundo Today que decía: «Científicos alertan de que hay más idiotas de lo normal para esta época del año». Poco a poco, sin darnos apenas cuenta, se van desdibujando las fronteras de lo real. Y ese es el terreno más fértil para la manipulación y las noticias falsas. Tal es la lección de la primera anécdota. De la segunda debemos aprender cómo se ha ido imponiendo la idea de que todo sentimiento es correcto y debe por tanto ser respetado. Es la dictadura de las emociones. El infantilismo de la edad adulta. Solo sentimientos y no argumentos para regir nuestras vidas. El caldo de cultivo de los populismos. Nos volvemos cada día más tontos. Signos de los tiempos.


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