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Pan y carbón alimentaron el colegio secular más antiguo de Salamanca

Sus últimos restos, muy deteriorados, pueden verse en la calle a la que da nombre junto a la Plaza de Colón

En esta entrega de Bajo el Cielo de Salamanca vamos a contar la historia del colegio universitario más antiguo de Salamanca, el más olvidado y también el más abandonado: el Colegio Viejo de Oviedo.

Vamos por partes: el más antiguo de estos ochocientos años de Universidad de Salamanca.

 Efectivamente, el Colegio Viejo de Oviedo, más conocido colegio menor de Pan y Carbón, se funda en 1386, o sea, antes de que lo fuese el San Bartolomé, que lo fue en 1401. Tuvo una vida muy complicada y de hecho en muchas ocasiones se habló de su desaparición o unión a otros colegios. Especialmente complicada fue la vida del Pan y Carbón a lo largo del siglo XVIII con numerosas inspecciones, reformas y amenazas de cierre. El obispo de Salamanca, Felipe Bertrán, fue autor de varios informes denunciando la mala vida de los colegiales y recomendado su supresión. En 1779 se acuerda la unión de los colegios menores por orden del rey, que no se cumple, pero finalmente se integra en el Seminario conciliar el 19 de septiembre de 1780 junto a los colegios Santo Tomás y Santa Cecilia. Hace 238 años.

 ¿Por qué era “colegio menor” y por qué esa denominación de Colegio de Pan y Carbón?

En realidad los colegios menores se llamaban así por su dimensión y sobre todo por las rentas que tenían para vivir. En el caso del Pan y Carbón o el Viejo de Oviedo, como se le llamaba también para diferenciarlo del Colegio Mayor de Oviedo, vivía principalmente de unas rentas que repartían unas casas de su fundador y de la generosidad de este, pero también vivió de las tasas del pan y el carbón que entraban en la ciudad, de aquí su nombre popular: el del Pan y el Carbón. También aparece en algunos documentos como Colegio de San Adrián por la iglesia que tenía cerca, en la calle de San Pablo.

Era conocido también por Colegio Viejo de Oviedo porque su fundador era Gutierre de Toledo, obispo de Oviedo, pero también fue canciller y capellán mayor de doña Juana, esposa de Enrique II de Trastamara. Como estaba vinculado a varios territorios, el colegio admitía alumnos becados de esos territorios, hasta un número de seis. Este hombre tenía en Salamanca unas casas que daban a la Rúa, Palominos y Calle de San Pablo, en una zona donde se abre el colegio.

Cualquiera que se acerque a la calle del Pan y Carbón podrá darse cuenta de ello. Apenas queda una ventana, una puerta tapiada y en el interior del solar alguna columna y algunos capiteles. El techo está hundido. Y como consecuencia de ello, está en la lista roja del patrimonio y muy señalado por asociaciones relacionadas con la conservación del Patrimonio. La calle del Pan y Carbón es un callejón que sale desde la calle de San Pablo pero también conecta con la calle del Jesús. Es muy recordado en Salamanca el dicho de que Colón apunta a al calle del Pan y carbón, así que no tiene pérdida: basta con seguir el dedo de la escultura de Colón en su plaza.

Y es el más olvidado porque siempre que se habla de colegios universitarios se nos va la memoria al colegio de San Bartolomé o de Anaya, al de Cuenca, Salvador u Oviedo, los llamados históricos, pero este “Viejo de Oviedo” fue el primer colegio seglar salmantino y es apenas citado. Y tuvo una larga e intensa vida, que fue desde 1386 a 1780. Casi 395 años. Cuatro siglos.

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