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Una película de terror o de cine negro...

Lola Rodríguez

“Cobro por una hora de trabajo menos de lo que tu pagas por las palomitas”, si este fuera el título de un película, sería del género de terror o podría ser de cine negro.

Pero no, no es no es el título de una película, es la descarnada frase con la que un trabajador del los jerezanos cines Yelmo describe su lamentable situación laboral.

El pasado fin de semana y en el marco de la conmemoración del Día Internacional de Trabajo Decente, desde CCOO nos concentramos en la Plaza del Arenal para denunciar el inaceptable deterioro que padece nuestro mercado laboral, y lo hicimos ejemplificando en la plantilla de esta empresa de exhibición cinematográfica, la situación de precariedad laboral que padecen miles de trabajadores y trabajadoras.

Estamos hablando de personas trabajadoras, la mayoría de ellas mujeres y jóvenes, que componen la plantilla de esa empresa y de ese sector donde los salarios de miseria les impiden a estos montar un proyecto de vida y les empuja a la dependencia familiar o a la exclusión social.

Este es sólo un ejemplo de lo que se ha venido a denominar precarización del mercado de trabajo; un ejemplo entre muchos de las consecuencias que entre la clase trabajadora han traído las reformas laborales y las políticas económicas basadas en el falso paradigma de una competitividad anclada en la depreciación salarial.

Unas formulas fracasadas que se han demostrado incapaces de crear el empleo con el que nos las vendieron, y que lo único que han conseguido es traer a lo cotidiano a la figura del “trabajador pobre” de la “trabajadora pobre”.

La próxima vez que escuche usted, amiga oyente, a un sindicalista hablar de precariedad laboral, recuerde que puede usted ponerle cara a este término cuando compre las palomitas de su próxima visita al cine. Si bien también tendrá oportunidad de conocerlos cuando vea a una limpiadora por horas en una entidad bancaria, a un camarero contratado a media jornada y trabajando jornada y media, a un repartidor contratado como falso autónomo o a otros tantos y tantas personas trabajadoras a los que su salario nos le da para subsistir.

Todo ello puede mantenerse gracias a la legión de parados y paradas que son el ejército de reserva, gracias al cual funciona la pérfida estrategia del miedo que provoca la tristemente célebre frase “si no te interesa, en la calle hay mucha gente esperando por el puesto de trabajo que tú tienes”.

Frente a todo ello, la plantilla de los cines Yelmo han decidido plantarse. Se han organizado sindicalmente y han comenzado a mirar a la cara a la empresa, a decirles que trabajan para vivir y que con estos salarios de miseria no pueden.

Este colectivo son la historia viva del movimiento obrero al que nunca nadie nos regaló nada; y estoy segura que con el tesón que han demostrado y con la solidaridad de otros trabajadores y trabajadoras harán que la justicia triunfe y que esta película tenga un final feliz.

La insensibilidad empresarial, la dejadez de las administraciones y la ausencia de un tejido productivo moderno o la falta de un mercado laboral acorde con las aspiraciones de la mayoría son los ingredientes de la secuela de esta película; en la que no se olviden los buenos somos las trabajadoras y los trabajadores.

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