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Mi Frías in memoriam

Sí, ha muerto un buen periodista, humilde y sencillo, que dirigió Sur en una etapa brillante, con la difusión en cifras colosales, y, aunque le llamaban el Viejo, supo mantener el instinto joven para entender la hora de los cambios. Solo cuando llegó la deshumanizadora maquinaria de diezmar la redacción a golpe de Eres, él pudo sentir que su tiempo había pasado y aceptó el finiquito. Tuvo dignidad cada día.

¿Pero qué puedo decir yo? A mí me llevó él a Sur, a Vocento, y mi paso por esa gran casa quedó unido a él. Solo puedo pensar en Frías con gratitud. Me enseñó algunas cosas sobre la dignidad del periodismo que no he olvidado. Solo muchos años después yo supe, y no precisamente por él, cuántas veces se había fajado por mí frente ante políticos que le reclamaban mi cabeza, o al menos mi columna. Tenía la capacidad de templar, con medida. Solo una vez, cuando escribí sobre el oro líquido de Mondrón, el aceite de su pueblo, se permitió un elogio desmedido con esa sonrisa genuinamente inocente que vi por última vez con el maestro Alcánara y Salvador Moreno Peralta, que hoy estarán desolados.

Ahora, con un lágrima emborronando el papel, recuerdo a todos, sobre todo a mi querida Elena Blanco, una de las grandes periodistas de la ciudad que supo acompañarlo siempre, y a sus hijos Álvaro, otro buen periodista de la estirpe, y Alejandro cuya hija no conocerá a un abuelo memorable; pero también Ana Barreales, José Vicente Astorga, nombres de la gran escuela de Sur, como también Julián Quirós…. Me acuerdo de Pedro Luis Gómez, que siempre lo acompañó en la travesía, con su humanidad desbordante. Pero en realidad recuerdo ahora a todos, desde el último redactor al primero, Ortín, Piluqui, Juan, Javi, Lillo, Alday, por supuesto Fernandito, todos; desde su fiel Inma, en la antesala de su territorio, al director actual, Manuel Castillo... Todos aprendimos de Frías que un director debe ser, ante todo, el alma de un periódico.

Hay que despedir a Frías como a un ser humano de primera, sin necesidad de adjetivos hiperbólicos, porque basta decir su nombre para decir todo lo necesario; pero también como a un periodista que nos hizo mejores a todos los periodistas de esta ciudad, y que, por tanto, hizo mejor el periodismo. Él, mucho más que los jeques y vedetes, debería tener una calle en Málaga. Aunque sin duda hace mucho tiempo que tiene una calle en la cartografía de nuestro corazón

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