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Miguel de la Hoz, el realizador que sacó a Cuenca en la tele en los años 70

Era conquense y dirigió en Televisión Española programas musicales e infantiles míticos como 'Cantares', 'La casa del reloj' o 'La mansión de los Plaff'

Rodaje de escenas para el programa de TVE 'La mansión de los Plaff' en El Chantre, en las cercanías de Cuenca, en 1980. /

En esta nueva entrega de Páginas de mi desván, el espacio de radio que coordina José Vicente Ávila, y que se emite cada martes en Hoy por Hoy Cuenca, rescatamos la figura del director y realizador conquense Miguel de la Hoz, uno de los impulsores de la música popular y con raíces en Televisión Española a lo largo de la década de los 70. En esos años también dirigió varios programas infantiles.

'Páginas de mi desván' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

La inesperada como trágica muerte de Miguel de la Hoz Romero, a los 38 años de edad, el 22 de enero de 1981 en Madrid, truncó la carrera de un realizador y director de programas infantiles y musicales de la primera y segunda cadena de TVE, que alcanzaron niveles de popularidad en la pequeña pantalla, que por entonces no tenía la competencia de las televisiones privadas.

Miguel de la Hoz, en 1978. / Archivo José Vicente Ávila

En aquella época, Miguel dirigía y realizaba el programa infantil “La Mansión de los Plaff”, tras haber sido responsable de espacios como “La Casa del Reloj” y los musicales “La Banda del Mirlitón, con el cantautor Ismael”; “Flamenco” y el que ha sido calificado como mítico y por tanto popular “Cantares”, presentado por el controvertido crítico musical Lauren Postigo, que tenía como sintonía el pasodoble Suspiros de España, y por el que pasaron todas las estrellas de la canción española y las nueva voces que iban surgiendo en esos primeros años de la democracia.

“Tuve la suerte de conocer a Miguel de la Hoz, o Miguelito como le llamaban en Cuenca, y de entrevistarle en varias ocasiones”, recuerda José Vicente Ávila. “Además de su profesión periodística en la faceta de realización y dirección de televisión, en la que tenía muchas posibilidades de dirigir importantes programas, noté que se sentía muy conquense, pues no en vano nació, creció y estudió en Cuenca, y conocía por tanto la idiosincrasia de la ciudad. Mi cercana amistad con él vino porque su padre, Miguel María de la Hoz Díaz, era el director de Diario de Cuenca, en una segunda etapa que inició en 1972, tras haber dirigido Ofensiva a mediados de los cincuenta convirtiéndolo en diario en abril de 1957”.

En el libro El Escardillo, Luz de la infancia, el pintor Alberto Romero, que era primo hermano de Miguel, por parte de su madre, Maruli, recuerda los años mozos en Cuenca, entre la escuela, el instituto, la Semana Santa o la vaquilla en la que participaban, y esas primeras inquietudes escénicas, que se pusieron de manifiesto con una obra de guiñol con textos de Miguel de la Hoz y decorados de Alberto Romero, que firmaron como “Homi and Roal”, “en bello, internacional y acróstico de nombres y apellidos”, recuerda el pintor, pues “Homi” era Hoz Miguel, y “Roal”, Romero Alberto, quien concluía que “el éxito no fue tan extraordinario como esperábamos, pero fue nuestro bautizo como autores”. Tras esta incursión escénica, Miguel y Alberto buscaron el escenario deportivo del Vivero para jugar al baloncesto con la Cultural, que vestía camiseta verde y pantalón negro, con Miguelito como capitán. Las camisetas las tintaron ellos mismos.

Reportaje sobre el programa 'Cantares' de TVE publicado en 'Diaro de Cuenca'. / Archivo José Vicente Ávila

Llegada a la tele

El padre de Miguel de la Hoz había sido director de Ofensiva en una primera etapa, tras la cual dirigió otros periódicos de la cadena en Burgos y Murcia, amén de ser corresponsal de RNE en Buenos Aires. Miguelito continuó sus estudios en Madrid y ya en 1960 actuaba como ayudante de realización en un programa emblemático entonces como lo fue “La Casa de los Martínez” y durante esa década ya realizaba grabaciones en espacios como “Estudio 1” y “Novela”. En televisión estaba considerado como una persona amable y simpática, que además sintonizaba con el mundo de los niños.

La Casa del Reloj fue uno de los primeros programas infantiles en los que Miguel de la Hoz fue director y realizador. Se emitió entre 1971 y 1974 y fue todo un éxito para los niños que veían aquella televisión de blanco y negro, con presentadores entonces tan jóvenes como Miguel Vila y Pedro Meyer, entre otros, que entretenían a los niños con trabajos manuales y cantando temas relacionados con el argumento que se emitía. Miguel puso su toque conquense con el reloj que era el nombre a la casa, que tenía forma de girasol, un producto que ya daba fama a nuestra provincia. Como en todo programa, no faltaron personajes para los niños como Marta, Poppy y Manzanillo. Los guiones eran de Lolo Rico que, curiosamente, diez años más tarde los haría para La Bola de Cristal con su Bruja Avería.

Tras su paso por “la Casa del Reloj” el realizador conquense sigue con programas infantiles, pero en este caso en un apartado de música folk con “Ismael y la Banda del Mirlitón”, que se emitía los sábados en la sobremesa. Aunque seguía emitiendo en horario infantil, el reto de Miguel de la Hoz, de la mano del cantautor segoviano, Ismael, era el de rescatar el folklore musical español, que fuese muy diferente al folclore de coros y danzas de etapas anteriores. Se buscaba la voz del pueblo, a los cantautores, y sobre todo esa música popular que en ciudades y aldeas se transmitía de padres a hijos. “En ese recorrido por España, en busca de los sonidos y canciones del folk, Ismael y Miguel llegaron a Cuenca el 25 de octubre de 1975 y pude hablar con ambos en el Café Colón, pues Miguelito comentaba que alguna vez había estado con su padre en las famosas Tertulias con González-Ruano, José Luis Coll, Domínguez Millán y algunos familiares de los Romero”, recuerda José Vicente. “Miguel María de la Hoz me encargo un reportaje que se publicó en Diario de Cuenca con el título “En busca del folklore por los caminos de España” y el director del periódico colocó un anagrama de estrellas para darle acento mediático”.

Por entonces, el realizador conquense llevaba 16 años trabajando en TVE. En aquella época tenía a su cargo dos programas, “Flamenco”, en la Segunda Cadena, que presentaba Fernando Quiñones y el de “La Banda del Mirlitón”, que entraba como parte final en el programa matinal infantil de los sábados en la Primera. Se le notaba muy encariñado con ese espacio dedicado al folk, y sobre todo de tener a su lado a Ismael, que rescató a lo largo de aquellos cinco años de programas el folklore tradicional, que no estaba en su mejor momento, un tanto relegado.

Programa 'Flamenco' de TVE. Antonio Galanes (palmero y cantaor), María la Talepona (cantaora), Talegón de Córdoba (cantaor), Enrique Escudero (cantaor), Miguel Espín (asesor del programa) y, arriba, en medio, Miguel de la Hoz (realizador) junto a Fernando Quiñones, presentador. / Web de Fernando Quiñones

“Dada su trayectoria en la televisión, pese a su juventud, le pregunté a Miguel sobre qué tipo de programa quería hacer y que no había hecho, un tanto encasillado en programas infantiles o en los musicales como el flamenco o el folk”, dice José Vicente. “Me encantaría”, le contestó Miguel de la Hoz, “hacer un programa-estrella, al igual que otros musicales y dramáticos. Por su importancia y su fondo, estoy muy a gusto con el de Ismael”.

Miguel tenía deseos de conocer el folklore conquense y, al efecto, ya tenía el libro que había publicado el organista de la catedral y musicólogo, Miguel Martínez Millán, para añadir: “Sobre el propio terreno iremos eligiendo aquellas canciones o bailes de rancio sabor popular. Nuestro viaje se centra en Palomares del Campo, Villarejo de Fuentes, Almonacid del Marquesado (donde hay danzas antiquísimas), Mota del Cuervo y Belinchón, entre otras localidades”.

Invitaban a los grupos a acudir a los estudios de TVE y actuar allí. Lo que se pretendía, según explicaba el segoviano Ismael, era valorar en toda su dimensión el folklore, “puesto que es música del pueblo para el pueblo”:

“Es una manifestación viva que no se puede quedar estática porque encierra unos valores grandes de tradición e historia. En mi caso particular sigo cantando en esa línea que siempre he tenido en la música folk”.

Reportaje sobre el programa 'La banda del Mirlintón' de TVE publicado en el Diario de Cuenca. / Archivo José Vicente Ávila

Flamenco

Otro de los programas que llevaban el sello de Miguel de la Hoz fue el de “Flamenco”, que presentaba Fernando Quiñones. “Compatibilizaba ambos espacios de música tan distinta, aunque de las raíces del pueblo, y dado que hubo alguna polémica”, recuerda José Vicente, “en aquella entrevista en Cuenca le pregunté a Miguel, ¿Tienes problemas con los flamencos?, a lo que contestó enseguida: “Nunca los he tenido. A programas de este tipo no hay más que cogerles el aire, porque sin ser directo es directo. Es vivo. No es un programa ensayado ni prefabricado como puede ser “Directísimo”. A mí los prefabricados no me van. Volviendo a los flamencos ellos saben muy bien por donde van y cada cual dice o canta lo que siente”.

El Corral de la Pacheca

José Vicente Ávila recuerda la grabación del programa Cantares cuando él tenía 24 años. “Fue toda una experiencia. Como he dicho antes, el director de “Diario de Cuenca” era Miguel María de la Hoz, padre del realizador, que me envió a Madrid para hacer un reportaje, pues “Cantares” estaba en la cresta de la ola. Hasta el Corral de la Pacheca nos fuimos a una grabación con Emilio “el taxista”, que trabajaba para el periódico, con Maruli, madre de Miguel, y Marcelino Valero, que estaba en los teletipos. Actuaba como dices Rosita Ferrer y Miguel María quería un amplio reportaje, aunque no se podían hacer fotos. El director lo presentó en doble página como un acontecimiento, bajo el título de “Yo he visto rodar Cantares”, con entrevistas al presentador, Lauren Postigo y al director-realizador, Miguel de la Hoz. La grabación duró más de cuatro horas y casi nos chispamos, porque como éramos recomendados nos ponían whisky en cada corte. El que mejor se lo pasó fue Valero, que no le hacía ascos, pese a no ser lo que él llamaba “un té del Puerto de Santa María”, pues Emilio tenía que conducir. En la entradilla yo escribía: “Miguel ordena por el altavoz del Corral de la Pacheca: ¡Vamos a grabar¡ Preparados. Cámara 1, acérquese más. Póngase los cascos”. El público que no se mueva de sus sillas. ¡Silencio! ¡Plaqueta!”.

José Vicente Ávila junto a Maruli Romero en El Corral de la Pacheca durante el rodaje del programa 'Cantares' de TVE en marzo de 1975. Detrás, Emilio "el taxista". / TVE

La orquesta comenzaba a tocar y allí aparecía Rosita Ferrer con un vestido rojo cantando “…el Ebro guarda silencio al pasar por el Pilar”, es decir, Sierra de Luna. Luego “a la lima y al limón de la vecinita de enfrente”, vestida de negro con lentejuelas de plata. Cuando está cantando Rosita aquello de “solterita se quedó, a la lima y al limón” se escucha de nuevo la voz de Miguel: “¡Corten, corten¡” “¡Rosita, más pasión, más ritmo!... Es que soy muy burro y además de Cuenca. ¡Más naturalidad! Empezamos…”.

De nuevo suena por quinta vez “a la lima y al limón” que me aprendí de memoria. Rosita mueve las manos, transmite al público, eleva la voz y se luce luego con “Divisa verde y oro”. Pese al whisky pudimos hablar con Miguel, que se fundió en un abrazo con su madre Maruli, y con Lauren Postigo, por cierto muy amable pese a las horas de grabación.

Cantares

El programa se emitió de enero a diciembre de 1978. Me decía Miguel que cuando se quedó sin programa, al terminar Flamenco “me pidieron en el departamento de musicales que pensara en otro. Hacía tiempo que tenía en mente que la canción española podría ser muy interesante dentro de un programa también importante. Lo planteé en televisión y les gustó la idea. Contacté con Lauren Postigo, que tenía la misma idea que yo, pues le conocía de vista, pero nunca habíamos hablado, y cuando hablamos sobre un programa referido a la canción española enseguida conectamos, nos dimos la mano y dijimos ¡adelante! Así nació “Cantares”. Y añadía:

“Es un trabajo de ocho de la mañana a ocho o nueve de la noche, sin parar, porque es una “maratón”. No es un programa en directo, pero el sistema de grabación es “en vivo”, pues no hay unos ensayos previos de cámaras, de planificación de planos, etc. Es una realización muy directa y muy de sentimientos. Según esté el artista y transmita al realizador y al equipo, esas sensaciones y ese arte, nosotros conseguiremos un mejor o peor programa”.

Comentaba que como realizador exigía el máximo a todo el mundo “y me lo exijo a mí mismo. En una grabación tienes que ofrecer el calor de un directo, la emoción, la reacción del público, la sintonía existente entre el que actúa y el espectador. Hay que arriesgar, porque el cantante o la cantante quieren competir, y existe además una orquesta con la que tiene que adaptarse. Es además un programa barato porque me gusta trabajar rápido y perder poco tiempo”. Miguel de la Hoz sabía que el programa suscitaba pasiones favorables y desfavorables:

“Es un programa muy serio sobre un tema muy serio como lo es la canción española en la que tenemos grandes voces e intérpretes. Nos han llamado “carcas” y desfasados por recuperar la copla y se han publicado algunas “chorradas”, pero hay mucha gente joven que no conocía la canción española y se ha enganchado, y aunque algunos han querido politizar el programa, y pese a que sea polémico, los viernes por la noche todo el mundo está viendo “Cantares”.

Por cierto, en el programa dedicado a Marujita Díaz, en una de sus canciones interpretó “Banderita española, de “Las Corsarias”, cubierta con la bandera de España, revolucionando El Corral de la Pacheca y al final de su actuación le entregaron un ramos de flores y una botella de resoli de las Casas Colgadas, agradeciendo el gesto la cantante con un “Viva Cuenca y Viva España”. En cuanto a Lauren Postigo, que además de presentador era guionista, su visión de “Cantares” era clara: Realmente lo que hemos pretendido Miguel y yo no es la resurrección de la copla, porque ésta nunca muere, sino que había sido desplazada por otros aires debido a problemas con las discográficas que imponían otros ritmos. No queremos que “Cantares” quede como un pergamino de una cosa que ha pasado y queda ahí, pretendemos que sirva como muestra de unas raíces que están ahí”.

Explicaba Lauren: “Existe una película titulada “Canciones para después de una guerra” y esto no es así, porque durante la guerra “Los ojos verdes” de Rafael León lo cantaba en un bando Conchita Ferrer y en otro bando Miguel de Molina; vamos, que “los ojos verdes” se cantaba de trinchera en trinchera. Miguel y yo lo que queremos es fomentar la tonadilla española”, me decía Lauren Postigo, que no quería decir si era el presentador idóneo, “pero de niño he vivido en la farándula de tonadilleras, cupletistas y bailarinas”. Por aquel programa pasaron, entre otros, Juanita Reina, Estrellita Castro, Farina, Marifé de Triana, Lola Flores, Valderrama, Antonio Molina, Rocío Jurado o la Pantoja, que empezaba.

Finalizada la emisión de “Cantares” Miguel de la Hoz pasó a dirigir un nuevo programa infantil, “La Mansión de los Plaff”, con guiones de Gloria Fuertes y Juan Farias, a mediados de mayo de 1979.

Escena del programa 'La mansión de los Plaff' de TVE grabada en el puente de San Pablo de Cuenca en 1980. / TVE

Un nuevo espacio, distinto, en el que Miguel volvió a ilusionarse, que tenía un carácter didáctico y sobre todo respetuoso con la Naturaleza. La mansión era como un castillo en el que actores y actrices como Valeriano Andrés, María Fernanda d’Ocón o María Luisa Seco interpretaban a diversos personajes. Uno de los programas tuvo protagonismo conquense, pues el equipo y los actores se vinieron a Cuenca en 1980, rodando escenas en el Chantre, que recogió la cámara fotográfica de José Luis Pinós, con jinetes de época a caballo. Se recogían desperdicios del campo y los protagonistas, pequeños y mayores, cantaban una canción que según Alejandro Macías, en su blog “carta de ajuste” venía a decir: “Limpia el mundo, límpialo, como tu cara, tu casa, tu jardín y tu balcón… límpialo” Otra de las escenas se recoge en el puente de San Pablo por el que desfilan cantando todos los protagonistas de la Mansión de los Plaff. Tras la inesperada y trágica de muerte de Miguel la dirección corrió a cargo de Enrique Nicanor.

¿Qué es hoy en televisión Miguel de la Hoz?, le inquirí en aquel octubre de 1975, a lo que respondió con cierta esperanza: “Un realizador que está pisando y que quiere llegar arriba poco a poco. Creo que estoy en la mitad del camino. Además la labor de un realizador no se da a conocer, aunque hay gente que la sabe captar”. Trágicamente, Miguel de la Hoz se quedó a mitad de ese camino ya andado, entre músicas y sonrisas infantiles.

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