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En busca de las minas de sal de La Pesquera

La ruta discurre desde Minglanilla, por las Hoces del Cabriel, en un paisaje de gran valor natural

Mina de sal de La Pesquera (Cuenca). /

Esta semana, en el espacio Nos vamos de excursión que emitimos cada viernes en Hoy por Hoy Cuenca, y que coordina Fernando Carreras de la empresa EcoExperience, nos vamos en busca de las antiguas minas de sal de La Pesquera, en el límite de la provincia de Cuenca con la de Valencia.

'Nos vamos de excursión' en Hoy por Hoy Cuenca. / Paco Auñón

En esta ocasión la ruta nos lleva hasta la Manchuela para conocer una curiosa mina de sal. Para llegar a verla, la mejor forma es legar hasta el pueblo de Minglanilla, por Almodóvar del Pinar y Campillo de Altobuey. Una vez allí, atravesamos el pueblo y vamos en dirección a las Hoces del Cabriel. “Junto a una escultura de hierro de unos hombres tirando de una cuerda”, explica Fernando Carreras, “vemos que sale un camino de tierra y un indicador a los Baños de Sal. Lo seguimos y veremos las indicaciones del GR 66 que pasa por delante de la mina”.

¿De quién es la mina?

La posesión de la mina de sal ha sido muy discutida entre las poblaciones de Minglanilla, La Pesquera e Iniesta. En la actualidad pertenecen a La Pesquera, aunque actualmente se encuentra hundida y abandonada. Esta mina aportó en el pasado gran riqueza en la comarca ya que la mayor parte del pescado procedente del Levante se salaba aquí para distribuirlo por Castilla.

Mina de La Pesquera (Cuenca). / mti.minas.castillalamancha.blogspot.com

La sal es la única piedra comestible. Su nombre científico es halita y a ella se le atribuyeron propiedades sobrenaturales. Homero la llamaba “sustancia divina”. En el Cristianismo se asoció con la longevidad, la verdad y el conocimiento. Los romanos ponían sal en la boca de los recién nacidos para que tuvieran sabiduría.

Desde el tiempo de los faraones hasta el s. XIX, la sal controlaba el mundo, como ahora el petróleo, era la base del comercio de alimento y un símbolo de riqueza y poder. Los soldados romanos recibían diariamente su ración de sal, que luego fue sustituida por dinero, que les permitía comprarla y pasó a llamarse salarium, de ahí la actual palabra salario.

La mina

La mina subterránea de La Pesquera tenía su entrada en una ladera de la montaña. La abertura daba paso a una galería vertical de 68 metros por la que los operarios descendían a través de una escalera de madera con forma de caracol con 205 escalones.

La mina subterránea de La Pesquera tenía su entrada en una ladera de la montaña. / mtiblog.com

Al pie de la escalera se encontraba la calle principal de la mina, que se extiende casi un kilómetro con tres metros de anchura y casi cuatro de alta. En total en la mina se encontraban más de 50 calles de las mismas dimensiones, aunque su longitud variada. Tres caballerías elevaban la carga de sal hasta la superficie.

Al sur de la entrada se encontraba un espacio vacío, una cavidad de 350 metros de longitud llamada Sitio de los Lagos, porque el agua de diferentes manantiales se reúne allí. Es el ingeniero Tadeo Jesús de la Plaza quien abre una contramina para proporcionar desagüe al agua.

En 1837 la escalera de acceso fue quemada por los carlistas. Es entonces cuando la mina se explota por el método de disolución, es decir, se introducía agua en el pozo y se bombeaba la salmuera concentrada que se formaba.

Desde 1870 es explotada por el Estado y subastada tras la liberación del monopolio por parte del gobierno en 1885. Fue aprovechada hasta finales del siglo XIX, quedando abandonada por completo en 1966.

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