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Remontada para confirmar el cambio de tendencia (4-2)

El Córdoba goleó al Extremadura en un partido que a falta de media hora, estaba perdido. El resultado hace justicia a lo visto en el campo. La afición por fin vibró con su equipo como hacía tiempo

Los jugadores celebran la goleada al Extremadura /

Hay partidos que cambian dinámicas y provocan variaciones en las tendencias. El de este sábado en el Arcángel bien podría ser uno de esos, de los partidos que incitan a pensar que el ciclo empieza a cambiar de color. El Córdoba goleó al Extremadura en un encuentro que confirma la mejoría del equipo de Jose Ramón Sandoval a pesar del sufrimiento que pasó durante todo un partido que siempre mereció ganar pero que estuvo cerca de perder. El cuarto de hora final fue una locura, con tres goles del Córdoba ante una grada entregada y vibrando de verdad con los suyos como hacia tiempo que no se veía. Es más, el cuadro cordobesista remontó, en gran parte, por el aliento de una afición que no decayó en su empuje y que les llevó en volandas a un remontada de las que no se olvidan. Era un partido clave y se ganó.

El Córdoba fue mejor que su rival en la primera parte pero se complicó sobremanera el partido cuando lo tenía perfectamente controlado con el gol de Miguel de las Cuevas (golazo por cierto). Enric Gallego empató a los 38 minutos tras aprovechar un balón suelto en el área pequeña y Piovaccari decidió auto expulsarse con un empujón al delantero rival, dejando a su equipo con diez a falta de toda la segunda parte. El Arcángel no se lo creía.

Hasta ese momento, los blanquiverdes habían sido superiores en juego y ocasiones. Sin embargo, con el marcador a favor, el Córdoba dejó el partido muy vivo y permitió que el Extremadura llegase de vez en cuando al área de Marcos Lavín. Hasta que llegó el empate y la justa y absurda expulsión de Piovaccari (es para que el italiano se lo haga mirar. Había visto una amarilla cuatro minutos antes de su infantil empujón).

A la salida de los vestuarios se vio a un Extremadura mucho más tranquilo, consciente de su superioridad y sabiendo manejar la ansiedad del Córdoba. Jaime Romero pudo empatar pero su disparo se encontró con Álvaro Fernández. Sobrepasado el cuarto de hora, Willy, que acababa de salir, se marchó en profundidad y batió por bajo a Marcos y dejando mudo a un estadio, que se temió lo peor en una película ya vista este mismo año. 1-2 a falta de media hora y el Córdoba con diez jugadores. Pero aún quedaba mucho por contar.

Sandoval tiró de cambios y no le pudo salir mejor. La expulsión de Pomares al borde de la media hora elevó los ánimos del cuadro local, que empató por mediación de Jovanovic tras pelearle un balón a Aitor y plantarse solo ante Álvaro, al que batió pot bajo. Un gol de los de fe. Empate y quedaba tiempo.  Ahí la grada se vino arriba y no dejó de rugir como en las grandes tardes. Era cuestión de tiempo y de fe.

Los últimos minutos, con el Arcángel entregado a la causa, fueron de acoso y derribo hasta que llegó el premio en forma de goles. Jovanovic marcó el tercero y culminó la remontada con un centro chut que se tragó Álvaro en el minuto 90. En la prolongación, en plena fiesta, Jaime Romero hizo el cuarto para sentenciar a un Extremadura que se llevó un palo de los que cuesta olvidar.

El Córdoba fue mejor y ganó, pero debe seguir mejorando cosas, sobre todo en defensa, para evitar tantos goles en contra. Poco a poco se va encontrando remedio y jugando mejor, mucho mejor. El ciclo ha cambiado.

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