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Gana la banca

Nos ha quedado muy claro: 15 a 13 y gana la banca. Ayer, a última hora de la tarde, el Tribunal Supremo decidía ahorrarle unos cuantos miles de millones de euros a las entidades bancarias; el Alto Tribunal se ha rectificado a sí mismo a costa de los clientes, algo bastante curioso pero que encaja tras la campaña soterrada que hemos vivido en los últimos días y que comenzaba con un desplome en bolsa de los valores bancarios, después llegó la congelación de una sentencia que daba la razón a los clientes por la, dijeron, enorme repercusión económica y social, y lo último que habíamos escuchado fueron las excusas del presidente del Supremo a causa de la gestión de este asunto. Pues bien, el embrollo se cierra de la peor manera posible; no vamos a discutir una decisión judicial, pero el olor que desprende esta marcha atrás no es muy agradable, sobre todo por lo que parece insinuar. La institución ha quedado marcada para mal, marcada en algo fundamental: se ha puesto en duda la independencia judicial, uno de sus pilares. Y esto es muy grave.

Desde ayer, tras la decisión del Supremo, muchos nos hacemos una pregunta: ¿por qué se ha cuestionado una sentencia que cambiaba el criterio sobre unos impuestos que llevaban asumiendo los clientes durante años? ¿Por qué se cuestionó precisamente esa sentencia y no otras? ¿Por qué? Sinceramente, no sé si hay alguna respuesta a esta cuestión que no pase por explicar presiones y llamadas interesadas. Pero como diría Marco Antonio en las escaleras del Senado romano, no pondremos en duda la decisión de estos magistrados honorables, eso sí, la puñalada no solo se la han dado a los clientes, también a la propia Justicia.

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