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Bloqueo político

Después de la tormenta y de las dudas -todavía sin disipar- sobre el acuerdo del Tribunal Supremo, queda abierta una puerta al debate tras la decisión de Pedro Sánchez de modificar la Ley Hipotecaria vía decreto ley. Muchos se han dado de bruces con una realidad que arrastramos desde el ejecutivo censurado de Rajoy: el bloqueo político. Llevamos cerca de cuatro años enfangados en un páramo falto de acuerdos y sin intención, por lo que parece, para negociar más allá de medidas cosméticas y acciones para la galería propia. El lío que estamos viviendo con los impuestos hipotecarios refleja la incapacidad de los partidos para cerrar una nueva Ley Hipotecaria. Ahora resulta que todos están de acuerdo en modificar la ley; precisamente ahora. ¿Y qué han hecho en los últimos años? ¿Qué han hecho después de que el Tribunal de Justicia de la Unión Europea tumbará las clausulas suelo? Podemos seguir criticando la decisión del Supremo y, seguramente, tendremos razón -el acuerdo al que llegaron, y el camino que han seguido para tomarlo, es inaceptable-, pero las leyes hace siglos que dejaron de llegar del cielo talladas en piedra. Las leyes se elaboran, se modifican y se corrigen negociando en el Parlamento. Que la Ley Hipotecaria siga encallada, junto a muchas otras, es el reflejo de un bloqueo político que ya soportó Rajoy y que ahora soporta Sánchez. Vivimos tiempos de confrontación política entendida erróneamente, y al final, después de años soportando este show más cercano a Twitter que al Congreso de los Diputados, uno tiene la sensación y casi la certeza de que la mayoría de los partidos anteponen esa confrontación al acuerdo; parece que se definen desde el bloqueo y desde el aislamiento del adversario. La paradoja es que ahora todos parecen aislados tras este juego perverso.

Sánchez, al igual que Rajoy en su momento, tira de decreto ley para resolver, a medias, la papeleta de las hipotecas, y la vida sigue igual. Nadie quiere negociar con el contrario; cada partido vive bien junto a su camarilla y ahí acaba toda política. Imaginen una comunidad de vecinos; si no hay acuerdo para resolver los problemas en las zonas comunes, ¿cómo creen que quedará a la larga ese edificio? Pues ese edificio se parece ahora a nuestro país, cada uno permanece encerrado en su vivienda mientras todo lo demás se va deteriorando.

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