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Sant Llorenç, un mes después de las inundaciones

Los vecinos recuerdan la torrentada del 9 de octubre y comienzan a recuperar la normalidad

Este viernes se cumple un mes de la tormenta que provocó el desbordamiento del torrente de Sant Llorenç. 13 personas perdieron la vida y decenas de familias se quedaron sin nada después de que el agua arrasara con las casas y todo fuera arrastrado por la corriente. Sant Llorenç es un hervidero de obras durante el día. Máquinas excavadoras, obreros reformando interiores y vallas precintando las obras. El ruido de los taladros se mezcla con el de la vida de sus vecinos, que poco a poco van superando lo sucedido.

La riada dejó historias duras. Como la de Felip Forteza, un vecino que salió para cambiar el coche de sitio y fue arrastrado por el torrente. "Después de 50 metros haciendo marcha atrás, la corriente arrastró la furgoneta y me metió en el torrente. Logré salir por la ventana cuando la furgoneta estaba llena de agua y a partir de entonces fui flotando en el torrente. Primero me intenté agarrar a un árbol, luego a otro, la corriente me engulló y pude salir. Al final quedé sujeto a un algarrobo y tres horas después me pudieron sacar" .

Felip apareció a casi cuatro kilómetros de su casa. Pasó tres horas subido a un árbol hasta que un policía le escuchó y le rescató junto a otras personas. "De la parte de Son Servera había un policía municipal de guardia que me oyó gritar. Él me dijo que le pareció un animal, pero después ya vio que era una persona. Me vieron, era de noche y era difícil distinguir. En aquel momento iba desnudo, me localizaron y pasó media hora hasta que Protección Civil pudo llegar donde yo estaba y me ayudaron a bajar". Felip necesitó diez días de ingreso en el hospital para recuperarse.

La torrentada dejó muchas historias, como la de Miguel Ángel, el propietario de la cristalería Sant Llorenç, que logró rescatar a un vecino atrapado por los escombros. "Salvé a un hombre que estaba en una esquina, que una puerta le había dejado empotrado. Una puerta que iba flotando le pilló las piernas y lo dejó allí que no podía moverse. Suerte que fue cuando bajaba el agua y no cuando subía, porque allí hubo dos metros de agua y no habría podido salir".

Las viviendas quedaron arrasadas. Es el caso de Cati Galmés, que perdió toda la planta baja. La habitación de su hija adolescente y la mayoría de electrodomésticos fueron arrastrados por el torrente desbordado. "Mi hija tenía todo abajo, la habitación, su ropa, lo que tiene una niña de 18 años. También teníamos la calefacción, el termo, la lavadora, la secadora, todas estas cosas" afirma. 

Sant Llorenç comienza a recuperar el ritmo poco a poco. Los negocios se ponen en marcha y las obras en las casas avanzan. "Empieza a coger el ritmo, se empiezan a notar paredes arregladas, casas que ya han sido tiradas al suelo, comienza todo a tener la vida útil" sostiene Miguel Ángel a las puertas de su negocio.  A pesar de todo, la mayoría siente miedo cuando el cielo se cubre y comienza a llover. Como Lali Cardona, a quien el agua destruyó su estanco en el centro del pueblo y que cree que todo "está todavía muy reciente".

Las historias que ocurrieron ese día y las reflexiones de los expertos quedarán recogidas en un libro que impulsan varios vecinos del municipio como Pep Cortés. Pretenden recopilar toda la información para evitar que se pierda. "Lo hacemos para que no se olvide, para que si dentro de diez años alguien tiene que buscar lo que pasó no tenga que recurrir a diferentes páginas sino que pueda encontrarlo todo junto, en formato de libro y también digital". Un libro que recogerá las historias que trajo el agua y que los vecinos esperan no se vuelvan a repetir.

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