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El Levante juega muy bien al fútbol

Las tres derrotas que ha sufrido en Orriols contrastan con el gran juego desplegado ante el Celta de Vigo, el Sevilla y la Real Sociedad de San Sebastían

El entrenador del Levante, Paco López, durante su partido ante el Villarreal, / ()

Se pueden validar todos los estilos, sistemas, disposiciones tácticas y figuras geométricas cuando el principal y único objetivo es ganar, pero para el abonado que lleva varias décadas ocupando su localidad en Orriols hay algo que va mucho más allá del resultado.

Puede ir a gozar o a padecer. El gen granota está repleto de cromosomas más próximos al sufrimiento que al disfrute y han sido escasos los momentos en los que la grada conectó con su equipo.

Sin embargo, desde la llegada de Paco López la propuesta futbolística, la manera de encarar los encuentros, la forma de mirar a los rivales ha cambiado radicalmente con independencia del marcador.

El técnico de Silla, dijo el día de su presentación que la fórmula que implantaría para llegar a la victoria siempre sería a través de un juego ambicioso, valiente y atrevido.

Lo afirmó sin inmutarse y después de entrar en un vestuario deprimido, que encadenaba quince partidos sin ganar y que ya no sabía que deporte practicaba.

En aquel instante, pensé que las buenas intenciones de aquel veterano de los banquillos, pero debutante en Primera, quedarían reducidas a la simplificación de ganar, ganar y volver a ganar como fuera, apretando los dientes y el trasero para mantener la categoría.

Pero no, el tipo estaba tan convencido de lo que decía que ha terminado transformando el estadio Ciutat de Valencia en un palacio gastronómico y en el que se puede degustar fútbol de alta cocina defendiendo con tres centrales, repleto de matices en la medular con la magia de Campaña y Rochina o el dinamismo de Prcic, con texturas espumosas como Jason y Morales, dos delanteros reconvertidos en carrileros, con sabores dulces como Bardhi o amargos como Toño, pero todos muy necesarios para completar la mejor carta posible y con la firme sensación de que en tu próxima visita culinaria volverá a sorprenderte con otra propuesta fantástica y que jamás causará rechazo.

En la búsqueda de nuevos ingredientes para su próximo plato tendrá que encontrar el equilibrio, entre la intensa explosividad de su ataque en el arranque y la suave debilidad defensiva cuando aparecen los primeros síntomas de agotamiento como le ocurrió en Villarreal y frente a la Real Sociedad.

Llegar o no al parón de noviembre en puestos de Europa League era una anécdota. Lo más importante de la temporada para el ‘chef’ partía desde la pizarra, tratando de elaborar a fuego lento un menú lo suficientemente atractivo y fiable sin Lerma, pero potenciando la pasión por el área rival.

La misma pasión con la que la afición del Levante asiste a cada encuentro de su equipo, sabiendo que en Orriols ya no se va a sufrir, se va a disfrutar, aunque salgas accidentalmente derrotado por la falta de definición y de acierto, por la mala decisión en el último pase o porque la calidad tiene un precio y los 20 millones invertidos en los tres fichajes más caros de la historia no han aportado nada.

Además, por si a alguien se le había olvidado, sirva como recordatorio que el Levante compite en la mejor Liga del mundo y delante había otro equipazo con una pegada demoledora.

 

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