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Muñoz Torrero, cura, liberal y padre de la Constitución de 1812

Rector de la Universidad de Salamanca vivió sus últimos días perseguido y preso por el absolutismo de Fernando VII

Bajo el Cielo de Salamanca nos encontramos hoy con una figura universitaria y política muy desconocida y sin embargo, fundamental en la historia de España. De hecho, en las próximas semanas será homenajeado en Salamanca. Se llama Diego Muñoz Torrero y tiene calle en Salamanca. Esa calle se encuentra muy cerca de la Plaza de Carmelitas. Estuvo dedicada originalmente a Francisco Bravo, falangista de los llamados “camisas viejas”, amigo de José Antonio, fundador de Falange en Salamanca, alcalde de Salamanca y director de LA GACETA en la postguerra, cuando el diario pertenecía a la prensa del movimiento. Así se llamó la calle desde 1975, por un acuerdo municipal en las vísperas de la muerte de Franco, hasta 1980. Ese año se le da el nombre de Muñoz Torrero.

Una figura no demasiado conocida ni tampoco relacionada con la Historia de Salamanca. Lo cual es una pena porque fue una figura clave de la Constitución de 1812 y un mártir del liberalismo, como veremos.

Diego Muñoz Torrero nació en 1761. Con once años comenzó a estudiar en la Universidad de Salamanca Filosofía y Teología, se ordena sacerdote, alcanza la cátedra de Filosofía y llega a ser rector. Forma parte de los profesores ilustrados y reformistas, y a pesar de ser sacerdote es liberal. Cuida el herbario universitario, amplía la Biblioteca General de la Universidad, promueve planes de estudios nuevos y reforma titulaciones, y crea el Colegio de Filosofía. Pero a pesar de todo ello, su futuro no estará en Salamanca.

Sus inquietudes políticas le llevan a Madrid, donde se pilla la invasión francesa en 1808, y después a Cádiz, Aquí va a participar intensamente en las denominadas Cortes de Cádiz que darán lugar a la Constitución de 1812. Muñoz Torrero va a ser clave en la definición de la soberanía nacional, que reside en el pueblo; en la libertad de imprenta y por extensión la de prensa; en la supresión de la Inquisición y la inviolabilidad del diputado, su aforamiento, diríamos hoy. Es más, su peso constitucional es tan potente que preside la comisión redactora de la Constitución de 1812, la famosa “Pepa”. Fue el primer interviniente en aquellas Cortes y hasta la propia bandera roja y gualda que las presidió era suya, o más bien de su pueblo. Una bandera que después guardó una monja, Isidora Mora, que la devolvió a las Cortes españolas en 1834 ya alejado el terror absolutista y por lo que fue premiada.

Sin embargo le esperaban días muy duros, gracias a Fernando VII.

Regresa el rey y con él todo lo que era en Antiguo Régimen, el absolutismo, que lleva a la detención y encarcelamiento de Muñoz Torrero, que pasa seis años recluido en Padrón, Galicia, lejos, muy lejos de Madrid, la Corte. Una cárcel que podría haber durado mucho más si no se produce el golpe de Riego que abre el llamado Trieno Liberal. Sale de la cárcel, regresa a labores políticas, pero, de nuevo, Fernando VII se hace con el poder ayudado por los Cien Mil Hijos de San Luis. Huye a Portugal Diego Muñoz Torrero, pero es perseguido, preso, encarcelado, torturado y finalmente muere en 1929. Sus restos permanecieron olvidados muchos años hasta que finalmente se recuperan en 1863 y se depositan en el Panteón de Hombres Ilustres de Madrid tras pasar por el cementerio de San Nicolás.

Hace unas semanas se inauguró un busto suyo en el Congreso, porque parece que le llega el tiempo de los homenajes. El busto es de Ricardo García Lozano y el acto lo presidió Ana Pastor, que recordó que las ideas de Muñoz Torrero siguen vigentes y llamó la atención sobre el hecho de que cuando él hablaba nadie se levantaba. Un detalle con el que también se refería a la educación parlamentaria de nuestros días.

Y no es el único recuerdo de Muñoz Torrero en el Congreso, porque también se expone allí la bandera. La Bandera fue regalada por Muñoz Torrero a la milicia de su pueblo, Cabeza de Buey, en Badajoz, siendo guardada por la monja, que evitó que fuese quemada. Luego, como hemos visto, la entregó al Congreso donde en una sesión especial fue expuesta a la vista de todos los parlamentarios, casi como una reliquia, pasando después al Archivo de la Cámara. Estamos celebrando los 40 años de la Constitución Española y Muñoz Torrero forma parte de ella, de alguna forma, de ahí que sea justo el homenaje que se le prepara estos días y aquellos que el año que viene se organizarán con motivo de los 190 años de su fallecimiento.

 

 

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