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Bienvenidos al norte

Con Rusia amenazando gravemente los intereses y la estabilidad de la Europa Occidental, a la que pertenecemos, al equipo de gobierno de Astorga no se le ocurre otra cosa que seguir amamantando confluencias con ese viejo país que dirige desde hace años, como si fuera un cuartel, el presidente Vladimir Putin. Sin partido que lo sostenga, enredado en la penúltima trama de corrupción, perdido intelectualmente entre Peyuca y el laberinto napoleónico, el alcalde de la capital maragata, Arsenio García, camina políticamente desde hace meses hacia ninguna parte.

Con los mismos pasos cruzados, enredado en misma enredadera, este sí, bien acomodado entre las siglas populares, el regidor de León, Antonio Silván, continúa con su política de flores a María, como si todos los días fueran primavera. Sabe que cuenta con plataformas mediáticas amigas y juega a entretenernos para esconder cuanto ignora de las tareas que rigen a un buen alcalde. Tanto desdeña sus competencias, que es capaz de tirar a la basura medio millón de euros con la última y penosa remodelación de la calle Ordoño II.

La última, mientras regalaba caricias a colegiales en el aniversario de un centro educativo de titularidad privada, los ciudadanos nos enterábamos que las luces de esta Navidad podríamos pagarlas dos veces, con el agravante de que existen serias dudas que tan siquiera lleguen a poder encenderse.

Las torpezas políticas, las debilidades, la falta de rigor técnico, la pereza para el trabajo y para servir a los principios éticos, todo eso –y no es todo- es lo propio de un político de paja. Un prototipo que abunda en estas tierras del norte que ya tiritan con los primeros fríos del invierno.

 

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