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Vuelco histórico en Andalucía: las derechas suman para sacar del poder al PSOE de Susana Díaz

  • Los socialistas se desploman 14 escaños y la suma de Podemos e IU pierde tres ante el avance de las derechas
  • Ciudadanos crece en 12 diputados, el PP se deja 7 y los ultras de Vox irrumpen con 12
  • Las formaciones conservadoras arrebatan 17 parlamentarios a las fuerzas de izquierda

Andalucía se encamina a su primer gobierno de derechas / ()

'Batacazo' histórico del socialismo andaluz, el partido que ha gobernado la comunidad en los últimos 36 años, desde que existe la democracia en España. La única autonomía que no ha conocido la alternancia política se encamina a su primer gobierno de derechas ante el crecimiento de Ciudadanos y la irrupción de los ultras de Vox. Susana Díaz, que adelantó las elecciones para marcar perfil propio en unos comicios que se leían en clave nacional, será desalojada de San Telmo. Los socialistas pierden medio millón de votos y 14 diputados en un escenario inédito en el que las formaciones conservadoras arrebatan 17 escaños a las fuerzas de izquierda.

La suma de las derechas supera con holgura la mayoría absoluta. El Partido Popular se deja siete escaños pero se mantiene como segunda fuerza política, lo que le da el poder a su candidato, Juanma Moreno, de abanderar el bloque y ser el próximo presidente de la Junta de Andalucía. Los populares se dejan por el camino 300.000 votos en favor de otras formaciones pero se benefician del impulso de la nueva derecha. Ciudadanos pasa de los 9 diputados -con los que fue socio de gobierno de Susana Díaz- a 21, que le convierten en pieza clave del futuro ejecutivo andaluz.Juan Marín ya había manifestado en campaña su negativa a volver a apoyar a Díaz y lo ha confirmado al valorar los resultados. "Hay suma para el cambio en Andalucía", ha señalado con una sonrisa de futurible vicepresidente. "Andalucía va a tener cambio", le ha replicado minutos más tarde el líder popular.

En una campaña polarizada y marcada por la situación en Cataluña o los discursos antiinmigración, ambos partidos, PP y Cs, dependen de los ultras de Vox, que irrumpen con 12 parlamentarios y casi 400.000 votos tras cosechar hace cuatro años solo 18.422 apoyos. Pese a abogar por la supresión de las autonomías, la formación de Santiago Abascal, en Andalucía encabezada por el juez Francisco Serrano, se ha valido de su postura xenófoba para lograr un importante respaldo en las ciudades más adineradas o en zonas costeras con una alta tasa de inmigración. La ultraderecha, que había cogido impulso en toda Europa salvo en la Península Ibérica, ya está dentro de las instituciones.

La sangría en la izquierda afecta tanto a socialistas como a Podemos e Izquierda Unida, que se adentran en un desierto electoral. La coalición Adelante Andalucía, liderada por Teresa Rodríguez, obtiene 17 escaños, tres menos que en 2015 cuando ambas formaciones concurrieron por separado. La líder morada ha llamado a recuperar el espíritu del 15-M y se ha erigido en azote de la derecha sin hacer autocrítica.

Entre gritos de "el cambio ya está aquí", PP, Ciudadanos y Vox tienen en su mano formar el primer gobierno conservador de la historia de Andalucía. La lucha por la hegemonía de la derecha -Pablo Casado y Albert Rivera se han implicado en estas elecciones como si fueran un test a nivel nacional- vaticina un escenario no exento de dificultades. Tanto Juanma Moreno como Juan Marín ya han manifestado su intención de presentar su candidatura a la investidura.

Susana Díaz, visiblemente afectada, ha lanzado su último órdago. La socialista ha hecho un llamamiento a los partidos constitucionalistas para frenar a la extrema derecha. "Vamos a asumir esa responsabilidad y que cada uno se posicione, si la rechazan o aceptan que sea la llave del próximo Gobierno andaluz. Es un partido xenófobo que justifica la violencia contra las mujeres", ha sido su última andanada advirtiendo a PP y Cs del ciclo electoral que se abre, en el quedarán retratados e irán de la mano de los ultras. La presidenta en funciones ha admitido la severa derrota de la izquierda y ha lamentado la baja participación. Ha utilizado el último cartucho del diálogo pero su cara, su ánimo y sus palabras olían a mudanza. Una mudanza histórica que no habían previsto las encuestas, que no vieron venir los medios y que nunca han visto los más de ocho millones de andaluces.

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