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"En la Peña Nuestra Andalucía había carnaval del bueno"

Los hermanos Monzón recuerdan los grandes momentos vividos con el grupo en el que estaba su padre

Antonio, Andrés y Alejandro Monzón posan en la sede de la Peña Nuestra Andalucía /

Hay algo que se les remueve dentro a Andrés, Antonio y Alejandro Monzón cada vez que entran en la Peña Nuestra Andalucía. Son juegos de niños, recuerdos de excursiones a El Bosque, sentimientos de pertenecer a una familia y, sobre todo, la degustación de un producto casi delicatessen que se servía allí cada vez que iban: las mejores coplas. Y eran las mejores porque, como ellos dicen, las escribieron, las compusieron y las cantaron los mejores. Entre ellos, su padre Jesús Monzón.

La infancia de toda la familia está marcada por el carnaval que inculcó Jesús Monzón a los suyos desde chicos. "Estuvo con los más grandes: Paco Alba, Antonio Martín y luego todos los años de la Peña con Pedro Romero, Aurelio Real y los que vinieron", recuerda Alejandro Monzón, el benjamín de los hermanos. Su padre dirigía un grupo, que llegó a lo más alto y transmitió a sus herederos la pasión por la fiesta.

Los tres hermanos coinciden en la grandeza de las agrupaciones en las que estuvo su padre. Y destacan su paso por la Peña Nuestra Andalucía. "Eran letras muy comprometidas. Tenían una enorme valentía y, encima, estaban muy bien cantadas", destaca Andrés. "Es que estamos hablando de carnaval del bueno", remarca orgulloso Alejandro. Carnaval del que se quedaron prendados cuando su padre y sus compañeros se ponían a cantar y los niños les miraban embelesados, mientras iban aprendiendo coplas y las formas de interpretarlas.

"Había gente muy buena, y los repertorios estaban en lo más alto de letra y música", valora Antonio. "Estaban los mejores. Todo estaba muy bien dicho y tuvieron uno de los mejores músicos del carnaval como fue Aurelio Real, que tenemos la fortuna de que aún esté con nosotros. Yo me pondría muy contento si sacara otro pasodoble", añade Alejandro.

Más allá de las coplas, la Peña fue para ellos como ese patio de Sevilla que sirvió de escenario para la infancia de Machado. Por eso cada vez que entran, algo se les remueve dentro. Allí fueron felices, allí rieron y cantaron, desde allí partieron las famosas excursiones a El Bosque, allí aprendieron de la vida y del carnaval. Del carnaval del bueno.

 

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