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Gratitud

El pasado viernes, un centenar largo de colegas , alumnos y amigos nos reunimos alrededor de la palabra y el mantel para rendir homenaje a Salvador Gutiérrez Ordoñez, Salva para todos los que allí nos citamos. Lo hicimos en el Fundación Sierra Pambley cuyo patronato preside desde 2011.

Aunque pasea como un personaje anónimo por este campamento legionario, necesitaría un servidor varios volúmenes para desbrozar el curriculum infinito de quien es , por citar sólo algunas menudencias , doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca, académico de RAE, autor de su última Ortografía o de su Gramática Básica , y uno de los pilares patrios de la lingüística contemporánea. Pero ni toca ni viene al caso extenderse en este ramal , porque lo que realmente nos congregó en aquella sala fue la humanidad del personaje, esa bonhomía infinita de la que ha hecho gala cada día de su vida , y una humildad que no es virtud común entre los que conocieron las mieles de la gloria. Es una vergüenza que nada digan los papeles de su generosidad sin límites, de su solidaridad siempre presta para quien la necesitara en forma de enseñanza, de consejo o de ayuda. En esa legión de deudores me tengo, pues pocos me enseñaron más de lo que realmente importa.

Por eso, mucho antes de estar en la cumbre de toda su buena fortuna , Salva , nuestro Salva, estaba ya rodeado del aprecio y la admiración de quienes lo conocimos y tratamos. No quedaba, pues, sino devolver un poquito de lo debido y no pagado, que es mucho.

El viernes, mientras los oradores encadenaban recuerdos y alabanzas, pude ver en los ojos del barbado el brillo de un niño, de un guaje tímido y feliz, asustado ante la montaña de gratitud que le venía encima. Y sin poder salir corriendo…………

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