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El hombre que quemó 2.000 pacas en Requejo no podrá volver al pueblo en 4 años

La Justicia le condena también al pago de 61.000 euros en concepto de indemnización

Los bomberos del 112 Cantabria intervienen en la extinción del incendio, en 2016. /

El hombre que quemó en octubre de 2016 las 2.000 pacas que un vecino tenía apiladas en la localidad cántabra de Requejo (Campoo de Enmedio) y provocó "un virulento" incendio, no podrá volver en cuatro años y medio a ese pueblo ni residir en él durante ese tiempo. Además, deberá pagar una indemnización de más de 61.000 euros.

Así lo recoge la sentencia del Juzgado de lo Penal número 3 de Santander, que condena a este hombre por un delito de daños por incendio, con la agravante de reincidencia, por lo que también le impone un año y ocho meses de cárcel, aunque el individuo estuvo en prisión provisional un año después de ser detenido por este incendio.

En la sentencia, que puede recurrirse, la titular del Juzgado de lo Penal número 3 de Santander señala que el hombre padece un trastorno de personalidad con rasgos esquizoides, "que afecta levemente sus capacidades volitivas e intelectuales".

La juez indica, además, que en el momento de los hechos, su estado se presentaba "en forma de delirio sistematizado de persecución" centrado en la familia propietaria de los fardos de hierba.

El hombre -que ya había sido condenado por un delito de daños meses antes- fue sorprendido por uno de los miembros de la familia propietaria de la explotación cuando quemaba los fardos y es que, según manifestó este testigo a lo largo de la instrucción y en el juicio, vigilaban el lugar turnándose por las noches tras años sufriendo acoso y ataques contra bienes de su familia por parte de su vecino.

Así, el día de los hechos, hacia las dos de la madrugada, vio que el acusado salía de su casa, por lo que se vistió y trató de seguirle, pero al no ver nada regresó a su finca. Fue entonces cuando observó "pequeños puntos de fuego" y le descubrió "agachado encendiendo una pastilla" y después salió "corriendo".

Días antes, alguien había cortado todos los cordeles de comprensión de las pacas de hierba compactas a la altura de la segunda fila de un apilamiento de cinco, lo que favoreció que la combustión fuera mayor.

Esos cortes eran "limpios y deliberados", estaban realizados con un objeto punzante y generaban un "intenso riesgo" a la hora de desmontar el apilamiento, "incrementando intensamente el efecto dañoso pretendido", señala la sentencia.

El incendio se dio por controlado tres horas después de su inicio, si bien no fue totalmente apagado hasta días después. En su extinción intervinieron varios vehículos autobomba, ocho bomberos y dos voluntarios de protección civil, además de varios vecinos "ante el peligro de que por los fuertes vientos reinantes se extendiese a inmuebles sitos en las cercanías".

El fuego generó "gran densidad de humo" que llegó a las viviendas de las inmediaciones, "con visibilidad prácticamente nula y dificultando en gran manera la respiración". Precisamente, el testigo que descubrió al acusado tuvo que ser ingresado en un centro hospitalario por inhalación de humo.

La sentencia apunta a varias circunstancias que contribuyeron a que el incendio fuese "virulento", entre ellas, el viento sur, la existencia de material combustible idóneo -como es la hierba de las alpacas- y el hecho de que éstas se encontraran apiladas.

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