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Malditos villancicos

Buenas tardes, queridos oyentes. Pues ya estamos en diciembre. Lo se porque desde la Torre de Hércules se pueden ver las luces de Navidad de Vigo. Y con la Navidad vienen los villancicos y con los villancicos vienen mis ganas de convertirme en ermitaño.

No es que odie la Navidad, a fin de cuentas son un montón de festivos y eso siempre mola, pero los villancicos me parecen un atentado al buen gusto musical. Además son como gusanos mentales, que se incrustan en tu cerebro a principios de diciembre y no se van hasta después de reyes. Como la familia, vamos.

Los villancicos son instrumentos del diablo, armas de destrucción auditiva. A mi que más me da que hacia Belén vaya una burra. Y aún encima cargada de chocolate. Toma carbohidratos. Y luego nos quejamos de la obesidad infantil. Y al pobre de San José unos vándalos le robaron la ropa interior, hay que ser desalmados. Y lo cantamos tan felices.

¿Y que me dicen del chiquirritín chiquirriquitín metidito entre pajas? ¿Es que nadie va a llamar a servicios sociales? El pobre chaval, que igual es alérgico al heno, y los padres lo dejan entre pajas, rodeado de animales, que a saber si esos animales viven en condiciones o son esclavos del sistema.

¿Y que beben los peces en el río? Pues probablemente deshechos inorgánicos no biodegradables, que tenemos nuestras aguas hechas un Cristo, nunca mejor dicho. Y ya no digo nada de la Marimorena, que parece un villancico que cosifica a las mujeres de forma espeluznante. Ande, ande, ande la Marimorena, que la noche es buena. ¿Qué están insinuando? ¿No debería la pobre Marimorena irse a su casa tranquila con su familia?

En fin, amigas y amigos, se ha abierto la veda de los villancicos así que yo me he comprado unos auriculares para escuchar Radio Coruña y sobrevivir a la Navidad. Qué duda cabe.

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