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Constitución dilapidada

La opinión de Antonio Cepedello

El jueves pasado se cumplió el 40 aniversario de una Constitución Española dilapidada el 23 de agosto de 2011, cuando el Congreso de los Diputados se reunió a traición, un día fuera de su período habitual de sesiones, para reformar su artículo 135 sin que casi nadie se enterara y en contra de nuestra voluntad.

Esta fraudulenta y delictiva decisión se carga por completo nuestra ley más importante, porque establece que el pago de la deuda pública a entidades financieras privadas, como los bancos o los fondos ‘piratas’ de inversiones, tiene prioridad sobre cualquier otro gasto o inversión de la Administración Pública, aunque sea para financiar la curación de los enfermos, la educación de los niños, las pensiones de los mayores o las ayudas económicas de los más necesitados.

Es decir, que ya es legal que se deje morir a cualquier español por falta de recursos económicos si el Estado no ha liquidado antes sus débitos con estos ‘piratas’ de los mercados, que ya ascienden a más de un billón de euros y sólo el año pasado supusieron un desembolso total de 33.000 millones de euros de las arcas públicas, la mayor partida de los Presupuestos Generales de 2017.

El colmo es que esta deuda es ilegítima, injusta y delictiva. Prueba de ello es que se ha multiplicado por mil desde que hace unos años la Unión Europea cambió, también con engaños y a traición, nuestro sistema financiero, de forma que ahora los gobiernos nacionales no se pueden autofinanciar, sino que se han cargado los bancos centrales y públicos de cada uno para reunirlos todos en un Banco Central Europeo, que regala el dinero a los bancos privados para que luego estos ‘terroristas’ con corbata nos lo presten con los intereses que quieran, gracias al impuesto chantajista de la ‘prima de riesgo’. Vamos, que nos han robado la ‘máquina’ de fabricar monedas y billetes, y ni nos hemos o no nos han dejado darnos cuenta de ello.

Lo triste también es que ya nadie se plantea derogar esta reforma traicionera del artículo 135 de nuestra Constitución, junto con la legislación que la desarrolló después, ni los grupos políticos autonombrados como más ‘progresistas’, que durante estos días volverán a reiterarnos las bondades banales de esta Ley de leyes y lo complicado que es cambiarla cuando al poder económico no le interesa.

Esta reforma es el atentado más grave cometido hasta ahora contra nuestro actual sistema democrático. Lo único que nos queda celebrar ya cada 6 de diciembre es un vergonzoso y bochornoso funeral, del que la historia algún día espero que condene a sus culpables por engañar y traicionar a todo un país. Imperdonable.

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Cadena SER

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