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Se acepta la derrota pero no la humillación

El BlasGon y Bodegas Ceres dio lástima ante un Puerto Sagunto mayúsculo en un partido que fue un indicador elocuente de que urgen cambios en el conjunto ribereño (25-36)

La lesión de Braz fue lo más negativo para el Villa de Aranda /

Si la Junta directiva del BM Villa de Aranda necesitaba un impulso para tomar decisiones, la humillante derrota ante Puerto Sagunto debe hacerle coger carrerilla. O las toma o asume con resignación que, con la plantila actual y la inercia del equipo, el descenso será el simple resultado de una ecuación matemática. Nunca engañan. Bastaron diez minutos para desconectarse, dar el partido por perdido y estar a la espera de conocer hasta dónde Puerto Sagunto querría 'hacer sangre'.

No hay palabras para definir el primer tiempo del Villa de Aranda. Fue tan flojo que no alcanza a poder definirse ni de lamentable porque el conjunto ribereño dio lástima. Su peor partido de la temporada, trasladando una imagen de impotencia que fue recriminada por la afición local. Puerto Sagunto y BlasGon y Bodegas Ceres parecieron equipos de distinta categoría y, atendiendo a lo acontecido en su enfrentamiento, llevan camino de serlo.

El Villa de Aranda no hizo nada bien más allá del minuto cinco. Nada. Defendió mal y atacó mal. Individual y colectivamente fue un equipo frágil, inconsistente. Hubo situaciones dantescas, acciones impropias de una plantilla profesional a la que nadie cuestiona su actitud pero, que por sí misma, cuestiona su aptitud. Los resultados mandan pero ahora también el juego. Puerto Sagunto lo tuvo muy fácil, demasiado. Para ganar y para arrasar en una cancha que se ha acostumbrado a la derrota pero que no acepta la humillación. Hizo daño tanta diferencia, en el marcador (9-19) pero dolió más la convicción de que nunca hubo posibilidad de aspirar a nada que no fuera intentar amortiguar un severo correctivo.

La segunda parte sobró. Les hubiera gustado a los jugadores locales ahorrársela. Fue un castigo más que un trámite. Sirvió además para otra lesión de Braz. Pintaba mal su salida de la cancha. La consigna ribereña fue la de mantener cierta dignidad ante su afición. Puerto Sagunto creció lo que quiso para permitirse regalar minutos a su segunda unidad. Su triunfo fue tan incontestable como que no tuvo rival. Pudo hacer un buen partido el conjunto visitante pero, objetivamente, no es el Villa de Aranda una plantilla que mida las posibilidades de nadie.

Hay proyecto de gestión pero no deportivo. Un severo y serio toque de atención para la cúpula directiva del club que ha sabido rescatar de la quiebra económica al BM Villa de Aranda pero que ha sido incapaz de proyectar una propuesta que ilusione. La crítica llega desde fuera pero solo desde la autocrítica se admite la posibilidad de dar respuesta a esta crisis. Nadie sufre como ellos el rigor de un golpe tan duro pero solo a ellos les corresponde analizar y construir desde la estabilidad insitucional alcanzada una alternativa.

Son ya dos entrenadores históricos para el Villa de Aranda los sepultados bajo la dictadura de los resultados. Pero los resultados han sido la consecuencia de una pésima planificación deportiva. Se fue termendamente injusto con Carlos Colmenero al que nunca se agradecerá lo suficiente su compromiso con el club y ahora se apunta a la cabeza de Juan Moreno al que, al menos, le queda aún la posibilidad de dar un golpe de autoridad para que se reestructure una plantilla insuficiente para optar al objetivo mínimo de la permanencia. Su determinación será decisiva.

Si el Villa de Aranda no fortalece su estructura deportiva con una secretaría técnica convicente, el crédito será escaso. La Cadena SER anunció esta semana movimientos al respecto pero, de la intención a los hechos hay un trecho que recorrer y la directiva debe resolver si pasa de la mera intención a la decisión.

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