In excelsis pedo
Para Segura, la política española no es más que un MacGuffin para hablar de cuescos, ventosidades, flatulencias

Ignacio Martínez de Pisón: "In excelsis pedo"
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Madrid
En Pulp Fiction, Quentin Tarantino contó la historia de un tipo con estreñimiento que, cada vez que buscaba un poco de paz en el baño, veía cómo el mundo explotaba a su alrededor. En Torrente presidente, Santiago Segura cuenta la historia de un cretino que, sin parar de tirarse pedos, acaba sustituyendo a Pedro Sánchez en la Moncloa, lo que también tiene algo de explosión.
Para Segura, la política española no es más que un MacGuffin para hablar de pedos, cuescos, ventosidades, flatulencias. Queda flotando en el aire (y nunca mejor dicho) la gran pregunta de por qué hay pedos que nos dan asco y pedos que nos hacen reír.
Filósofos, pensadores, tuttólogos del mundo: anímense a proponer alguna hipótesis plausible.
El problema con Torrente es que llevamos casi treinta años aguantándole los pedos, y de ese modo es difícil que nos haga gracia.
Reconozco, sin embargo, que me reí varias veces durante la proyección de la película, y también se rieron los que estaban conmigo en el cine. Reírse de Torrente es fácil porque nos hace sentir mejores, más guapos, más limpios. Reírse de Torrente tiene algo de catártico porque es como decir: “Por suerte yo no soy así, no soy ese español zafio, chabacano y grosero.”
¿Pero quién sabe si, en el fondo, reconocemos en Torrente algo de nosotros mismos, lo peor de nosotros, y esas risas nuestras no son sino una forma de pedir disculpas? Como dicen los juristas, excusatio non petita, acusatio flatulenta.




