Cadena SER

Emisoras

Buscador de emisoras

Ir

Selecciona tu emisora

Punto, SER y partido

Juan López

Na Li ubica a China en el tenis mundial

Pocas palabras en su apellido,  pero mucho tenis. Na Li (o Li Na) recibía bajo el plomizo cielo de París la Copa Suzanne Lenglen del Roland Garros de manos de la australiana Evonne Goolagong con una grandilocuente sonrisa y ese encantador sentido del humor. Los flashes definían un nuevo pasaje en la historia del tenis. Na Li se convertía en el primer deportista chino, hombre o mujer, en conseguir un Grand Slam. Pocos minutos después de la final, la WTA emitía un comunicado en el que informaba de que la final entre la china y Francesca Schiavone había sigo seguida por 60 millones de espectadores. Na Li es ya una revolución. Esa que inició el pívot de la NBA Yao Ming  en la carrera hacia la internacionalización del deporte chino. "Antes de la apertura del país, las generaciones pasadas no tenían la oportunidad de emigrar", reconocía en una entrevista. El gigante asiático nunca había brillado en el tenis. Aunque su Roland Garros había sido precedido de otros logros como las victorias chinas en dobles (Zi Yan y Jie Zheng en Australia y Wimbledon en 2006) o las semifinales de Jie Zheng en Wimbledon 2008 y Australia en 2010, el hito de Na Li ha roto los padrones en el país. "Cuando era joven, soñaba con ser campeona de un grande. Ahora, he escuchado que dicen que soy vieja. Pues la viejecita ha logrado su sueño", declaraba al término de la final. -“¿Qué se te pasó por la cabeza en el tercer set? Si te digo la verdad, el dinero del trofeo-", respondía tras su clasificación para la final del Abierto de Australia en la que  perdió ante la belga Kim Clijsters, en su primera final en un Grand Slam. Instantes después se quejaba en tono burlesco de los ronquidos de su marido Jiang Shan la noche antes del partido. Mirad al hombre con la camiseta amarilla. Es mi marido. Le gasto muchas bromas, pero no me importa si es feo, gordo o delgado, ¡le querré siempre!”, espetó ante los miles de espectadores de la pista Rod Laver Arena. Na Li emana espontaneidad e impulsividad. Probablemente estas cualidades le llevaron a ‘desertar’ de los favores gubernamentales de su país: Antes ellos me lo daban todo. Pagaban el billete de avión, reservaban el hotel y me buscaban un entrenador. Pero no podía hacer nada por mi cuenta. Ahora si tengo ganas de vaguear, puedo decirlo. Con su marcha a EEUU, también se 'ahorró' la entrega de un 48% de sus ganancias al Gobierno chino. Y recientemente ‘renunció’ a los servicios de su marido para sustituirlos por los del entrenador danés Michael Mortesen. Desde Madrid ha alcanzado todas las finales de los torneos que ha disputado. El tenis apuesta por el mercado asiático y China rubrica el interés con numerosa atención institucional y mediática. La esperanza es que tras Na Li lleguen más “flores doradas”.