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La Script

Debate sobre 'Transformers 3': ¿Un espectáculo... o un dolor de cabeza?

UN ETERNO DOLOR DE CABEZA, por María Guerra

'Transformers 3' sería soportable si en lugar de 153 minutos tuviera un metraje de 90. Tiene las condiciones para ser una correcta película de entretenimiento: humor, acción, apabullantes efectos visuales en 3D –con un presupuesto de 160 millones de dólares- y un puñado de magníficos actores como John Malkovich, Frances McDormand y John Turturro, que llenan de cinismo e ironía un manido argumento de buenos contra malos. Sin embargo, las casi tres horas de zambombazos a todo volumen embotan al sufrido espectador que no esté familiarizado con los mandos del videojuego. Y poco más que añadir. Michael Bay, tan aficionado a atronar al público (todavía recuerdo la jaqueca de Pearl Harbour, en 2001), nos regala una batalla final entre bestias robóticas de una hora y media. Magnífica ambientación de la destrucción de Chicago, pero también es inmenso el aburrimiento e incluso el despiste que produce el cruce de tortazos de los robots. ¿Este es el bueno o el malo? A ratos no se sabe, pero tampoco importa mucho. Shia LaBeouf no pasará a la historia como héroe de acción, no tiene precisamente el carisma de Harrison Ford. Es, más bien, el prototipo de chico normal –que ha bebido alguna pócima mágica para sobrevivir tanto golpe- que se enfrenta a un reto gigantesco y sale con vida porque lo manda el jefe, no la lógica. Es decir, otro galán bajito que pronto entrará en la lista de los actores olvidables. Todavía más crudo lo tiene la nueva protagonista que reemplaza a la díscola Megan Fox, que fue despedida fulminantemente por Steven Spielberg por decir Michael Bay se comportaba como Hitler en los rodajes. La nueva estrella femenina de Transformers es la británica Rosie Huntington-Whiteley: una modelo de Victoria Secret´s sin ninguna experiencia como actriz. Su registro es muy limitado –poniendo morritos o dando gritos. Hay que reconocerle el mérito de pasarse la película entera corriendo subida en unos altísimos tacones y embutida en unos vaqueros ajustados. Poco más.

UN GRAN ESPECTÁCULO AUDIOVISUAL, por David Martos

En esto de los debates sobre cine... tengo la impresión de que a María Guerra le toca siempre la parte positiva, porque muchos aspectos de 'Transformers 3: Dark side of the Moon' son muy difíciles de defender. Y sin embargo, hay cosas que decir. Estoy de acuerdo con ella en que la película es excesivamente larga, incluyendo la gran batalla final que se extiende durante unos generosos 60 minutos de metraje... pero los amantes de los zambombazos en tres dimensiones se lo van a pasar en grande. Michael Bay ha filmado Chicago en ruinas desde todos los puntos de vista: un grupo de paracaidistas se lanzan al vacío con cámaras 3D engarzadas en sus cascos, los puentes y las calles saltan en pedazos, y por primera vez desde el 11-S... el cine estadounidense pierde el miedo a las aeronaves -robóticas o no- que se estrellan contra los edificios y provocan su derrumbe. Mención aparte merece la batalla -esta no entre robots, sino entre miembros de la industria del cine- sobre el futuro y la viabilidad de las tres dimensiones. En el año 2005, James Cameron convenció a Bay de que se embarcase en la aventura de esta película desde la experiencia de estar gestando 'Avatar', y en este 2011, Bay ha llamado a Cameron para que avale -como 'pope' del 3D- una cinta rodada con la tecnología impulsada por el director de Titanic. Es algo más que una coincidencia o que un mero afán de rodearse de alguien con prestigio. James Cameron presume de guardar las esencias de la técnica, y Bay, como buen pupilo, arremete contra quienes incluyen el 3D únicamente en la postproducción. No sabemos si es responsabilidad de la tecnología Cameron, pero 'Transformers' es un gran espectáculo audiovisual que muchos van a disfrutar con la boca abierta, sin preguntarse por el guión. Y conste en acta que comparto la alegría de ver a los secundarios en pantalla -McDormand, Turturro, Malkovich- para hacer más llevadera esa trama... que se escurre entre los dedos desde el minuto 10. Lo que tarda la película en desviarse de el interesante argumento político-científico vinculado con la administración Kennedy. No cuento más.