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SER Historia: 'Viaje a Isla de Pascua'

La Isla de Pascua y sus misterios han sido foco de las más extravagantes teorías y divagaciones, aumentadas por la imponente estampa de los moai. La existencia de las kohau rongorongo, tablillas de madera con signos aún por descifrar, alimentó aún más el interés ávido de investigadores y aficionados por hurgar en el pasado de este mágico punto en el medio del Pacífico.

'Siete moáis en Ahu Akivi'

Las escasísimas fuentes con las que se cuenta para su estudio, fragmentarias, contradictorias y poco fiables, no ayudan a desvelar las preguntas que aún hoy siguen sin respuesta, pero las investigaciones de carácter científico que comenzaron a mediados del siglo XX, han ido presentando otro panorama para el conocimiento de la verdadera historia de Rapa Nui.

Desde la llegada de los europeos en 1722, la isla ha sido escenario de un continuo y progresivo proceso de aculturación, producto de la introducción de cambios de carácter económico, social, cultural y político. Desde la llegada de los navegantes, balleneros y exploradores en el siglo XVIII, hasta la de los barcos esclavistas del siglo XIX, el pueblo rapanui fue objeto de las más violentas vejaciones, provocando una drástica caída de la población, que se vio reducida a finales de siglo en ciento once personas.

De esta manera, las leyendas y las tradiciones orales, consideradas fuentes de inestimable valor en el estudio del pasado, quedaron, en el caso de Rapa Nui, reducidas y casi olvidadas. Lo que quedó de ellas, fue recogido por los misioneros que comenzaron a llegar a la isla a partir de 1864, y un poco más tarde antropólogos y etnólogos, cuando la población era ya un triste cuadro de mujeres, niños y ancianos enfermos, un grupo desmoralizado que apenas conservaba fragmentos del inventario formal de su cultura.

Sin duda, los restos arqueológicos más imponentes en la isla son sus plataformas de piedra, ahu y sus estatuas de toba volcánica, los conocidos moai. Sin embargo, existe un sinnúmero de otras evidencias de la ocupación prehistórica de la isla, generalmente poco conocidas y muchas veces totalmente ignoradas, como los gallineros (hare moa), los invernaderos (manavai), los crematorios, los hitos demarcatorios (pipi horeko), las casas subterráneas (hare kionga), los pozos para plantar (pu'u), los hornos (umu pae), las pinturas rupestres, los petroglifos, las habitaciones de diversos tipos, y los sitios agrícolas.

Mucho se ha hablado sobre los posibles significados de los moai, pero actualmente la idea más ampliamente aceptada es la que explica su función como veneración u homenaje a los ancestros de linaje, que eran considerados semi dioses. De hecho, el antiguo nombre de las estatuas, y como aún hoy en día mucho ancianos se refieren a ellas, es Aringa ora o te Tupuna, o Rostros vivientes de los antepasados.

Su traslado desde las canteras del Rano Raraku hasta la costa, por terrenos accidentados y difíciles, ha sido otro de los problemas que más controversias ha suscitado entre investigadores. Desde las disparatadas teorías de Von Däniken, que creía que los rapanui habían sido ayudados por cosmonautas o extraterretres, pasando por la creencia popular rapanui que basándose en la tradición oral afirma que los moai caminaban hasta las plataformas gracias al mana, o poder sobrenatural, hasta las múltiples pruebas experimentales realizadas por arqueólogos, para demostrar que las estatuas pueden ser trasladas por varios hombres con la ayuda de troncos y cuerdas vegetales, lo cierto es que la verdad de cómo fueron trasladados no se sabrá nunca a ciencia cierta, aunque es probable que se emplearan diversas técnicas, dependiendo de las necesidades que cada pieza imponía por su tamaño y peso.

De los novecientos moai que fueron tallados, alrededor de cien se erigieron en las plataformas o ahu a lo largo de toda la costa, cuatrocientos permanecen en las canteras del Rano Raraku, y el resto, otros cuatrocientos, se hallan en estado de abandono por todo el territorio. ¿Por qué fueron abandonados? ¿En qué período de tiempo? El misterio comienza a ser desvelado gracias a los estudios de investigadores ingleses y norteamericanos, que no hacen más que confirmar la teoría de Katherine Routledge (1914): el volcán era un importante centro ceremonial, y los moai supuestamente abandonados, no lo están, sino que marcan los caminos que llevaban del centro ceremonial a los diferentes plataformas o ahu. Estudios geofísicos revelan la existencia de plataformas de piedra cerca de algunos moai "abandonados" a medio camino, y recientes excavaciones arqueológicas en las laderas del volcán arrojan interesantes indicios sobre la existencia de complejos rituales en el sitio.

Uno de los más interesantes desafíos a los que se enfrentan los estudiosos de la isla, es sin duda el desciframiento de las kohau rongorongo, tablillas de madera con signos finamente grabados con dientes de tiburón o lascas de obsidiana, supuestamente ideográficos, escritos en bustrófedon, y de los que poco se sabe. ¿Cuándo comienzan a escribirse? ¿Cuál es su origen? ¿Es éste ex novo o tomaron la idea de los europeos? Y sobre todo, ¿cuál es su significado?

No se tienen noticias de las tablillas sino hasta 1864, en que el misionero francés Eugène Eyraud las menciona en uno de sus escritos. En las crónicas anteriores, no hay ningún dato sobre las mismas. Sin embargo, las leyendas cuentan que Hotu Matu'a, primer rey o ariki rapanui, llegó a la isla con sesenta y siete de estas tablillas, aunque lamentablemente no se ha encontrado ninguna en contextos arqueológicos controlados, que ofrezcan la posibilidad de datación.

En cuanto al significado, los primeros estudios sobre las tablillas, en el siglo XIX, basaron sus interpretaciones en aspectos formales de los signos, hoy en día descartadas. Posteriormente, a principios del XX, se llegó a comparar los rongorongo con los signos de las escrituras del valle del Indo, formal, geográfica y cronológicamente muy lejanas en realidad, y se quiso ver en ellos simples códigos mnemotécnicos, o listas recordatorias. Desde copulaciones cosmogónicas a datos astronómicos y para la navegación, son muchos los datos que se han ido extrayendo parcialmente del exiguo número de tablillas conservadas.

Quizá la exploración en el campo de la estadística y la recuperación de la lengua antigua rapanui, el proto-rapanui, llevado a cabo por lingüistas rusos, y el trabajo exhaustivo con pobladores rapanui y sus leyendas y tradiciones, desarrollado desde Francia, puedan dar algo de luz a alguna de las incógnitas que nos presenta esta apasionante y bella escritura, pero la falta de un corpus relevante, la ausencia textos bilingües o trilingües, el desconocimiento del idioma rapanui antiguo, y las casi nulas posibilidades de ampliar el corpus con nuevos hallazgos, hacen de este esfuerzo una tarea casi inútil.

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