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A vivir que son dos días

Javier del Pino

SÁBADOS Y DOMINGOS, de 08:00 a 12:00H

Dame veneno... que quiero morir

Repasamos la historia del veneno y de algunos de los casos más famosos

Sofonisba recibiendo la copa con veneno. Cuadro de Matia Pretti 1670

Es una de las armas más poderosas de la Historia: a algunos les ha permitido acceder a tronos; a otros, conseguir un amor o satisfacer las exigencias sexuales de su amado... y en muchos casos, ha sido el camino más rápido para llegar a la muerte. Es el veneno.

Sustancia que, incorporada a un ser vivo en pequeñas cantidades, es capaz de producir graves alteraciones funcionales, e incluso la muerte. Esa es la definición de veneno del diccionario de la Real Academia de la Lengua.

"Historia del veneno: de la cicuta al polonio" es el libro que acaba de publicar la catedrática de Química Adela Muñoz Paéz. Es un repaso por la historia de los venenos, desde la cicuta que tomó Sócrates al polonio que, en 2006, acabó en Londres con la vida del ex agente del KGB Alexander Litvinenko.

Nos quedamos sólo con cuatro ejemplos:

La cicuta: de ella nos habla Platón en "Fedón", provocó la muerte de Sócrates, quien comenzó a notar su efecto cuando se le empezaron a dormir las piernas. Se dice que la pócima es parecida a la que se usa actualmente en las ejecuciones con inyección letal en EEUU o China.

El arsénico: Nada menos que lo inventó un monje dominico. Es una mezcla de minerales: cobre, plomo, cobalto y oro. Lo recordamos, sobre todo, por Agatha Cristie, casi todos sus asesinos, lo usan.

El cianuro: Presente en almendras, castañas, nueces... fue la pócima que ingirieron Eva Braun y Magda Goebbels en el famoso bunker. Es el que provoca en los cadáveres ese característico el color azulado en la piel.

Y el polonio: Marie Curie y su hija murieron por la exposición a este elemento químico radiactivo. Causó también la muerte del antiguo miembro de la KGB Alexander Litvinenko.

Y una curiosidad más, ¿saben que opina la catedrática sobre las mujeres envenenadoras? Uno de los capítulos del libro es: "Amantes despechadas, criadas resentidas", y sí, haberlas haylas; de todas formas se carece de estudios estadísticos completos, pero que los que hay, indican que las mujeres los emplean en un 60 por ciento de los casos... así que, según Muñoz Paéz, "contando con que su fuerza no es como la de los hombres... deberíamos ir desechando esa teoría".

Una de las armas más poderosas de la historia.