Cadena SER

Emisoras

Buscador de emisoras

Ir

Selecciona tu emisora

La Script

Espectador y cine, cada uno por su lado. Y 100.000 puestos de trabajo en el aire

Ayer fue un día de chaparrón en el cine español. Nada nuevo en este país, donde truena para todos los gremios a diario. El presidente de los productores, Pedro Pérez, dio los datos del nuevo batacazo del cine español en las taquillas: un caída del 42% con respecto al año pasado. Un dato malo, pero sin perder de vista que Torrente 4 salvó en 2011 la recaudación del cine español. Lo relevante es que los espectadores siguen huyendo de las salas, en total, la recaudación general disminuyó un 16% en los últimos 12 meses. Evidentemente los espectadores no se sienten motivados para ir al cine pagar los 8 euros de entrada. Lo preocupante, según Pérez es que “el cine es un negocio anticlícico, que por su precios asequibles solía ir bien en los tiempos de crisis, ya la gente consume esta forma de ocio más asequible. Y esa tendencia ha cambiado”. Está claro que la televisión y las descargas han alejado a la parroquia de las salas de cine. Y el drama no es para ese productor imaginado con un puro y una rubia a su lado. Tampoco le afecta demasiado a estrellas odiadas por la derecha cavernaria, que como Javier Bardem tienen ahora más contratos en Estados Unidos que en España. El drama real es que la industria audiovisual en España supone un 1% del PIB, facturaba 8.000 millones de euros y daba trabajo a 100.000 personas. Pérez repetía ayer en Málaga su petición al gobierno del PP de una desgravación fiscal del 40% para que la industria no se hunda y clamó contra el ministro de Hacienda, Cristóbal Montoro para que no fuera él quien decidiese cuestiones de producción (después de que haber dicho que las series son ocio y no cultura): “Yo creo que el ministro debería repensárselo y hablar de lo que sabe. Y de esto no sabe” sentenció Pérez. Es decir, que las espadas están en el aire. Mientras tanto la sección oficial del festival de Málaga ayer no levantó pasiones. Un iceberg llamado García Márquez Gabriel García Márquez es el anticristo del cine. En las páginas de Internet se cuentan hasta 47 adaptaciones de sus obras, y ninguna es memorable. Tampoco lo es Memorias de mis putas tristes del director danés Henning Carlsen. Ni siquiera el oficio del guionista Jean Claude Carriére ha conseguido salvar de la cursilería esta prescindible película, de la que solo se salva Geraldine Chaplin que sabe meterse en el disparatado personaje de una madame que proporciona vírgenes al nonagenario romántico y rijoso. Lo poético existe o no. No se puede trasladar la evocación y la nostalgia por pura imposición. El protagonista, interpretado por el esforzado (y mucho más joven) Emilio Echevarría se mueve enloquecido por una ciudad colonial, persiguiendo a una jovencita con la que duerme y se enamora (mientras ella no puede disimular la nausea). También resulta falsa la entrega de la joven prostituta Olivia Molina (que masculla un español extrañísimo) y su madre, Ángela, que está sencillamente absurda en su breve papel de la vieja puta eternamente enamorada del cliente. Kanimambo, tres miradas sobre Mozambique Tres directores- Abdelatif Hwidar, Carla Subirana y Adán Aliaga-cuentan en esta película colectiva su mirada perpleja que les produce Mozambique a través de tres personajes, uno real y dos de ficción. La pobreza y la extrema dureza de la vida cotidiana es lo que primero se impone al ojo occidental. Resultan tres mediometrajes emotivos y tiernos que han retratan la dignidad de los protagonistas. Es difícil captar la esencia de un país y sus gentes en un rodaje de un mes y sin vivencias previa. Su vocación es la hacer un instantánea poética de Mozambique y lo consiguen. Su virtud es la levedad, y a la vez, esa levedad resulta su defecto.