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La Script

Todos nos hemos vuelto adolescentes

Las películas de adolescentes desorientados abundan en la sección oficial del Festival de Málaga. Los Niños Salvajes de Patricia Ferreira se ha convertido en la favorita para llevarse la Biznaga de Oro por la clarividencia con la que retrata a tres quinceañeros a la deriva, abandonados por unos adultos que están tan confundidos como ellos mismos. Ferreira no se pone dramática: su cámara fría sigue a tres chavales de 15 años (Marina Comás, Àlex Monner y Albert Baró) desde el desayuno familiar, al instituto y al botellón. Son de clases sociales diferentes, pero los tres se sienten igualmente extraños en sus casas donde hay dramas no resueltos y espesos silencios en torno a lo sentimental. Sus padres sólo ven en ellos lo superficial: las notas y la rebeldía. El resto es incomunicación y silencio. Cruzando las tres familias y sus conflictos, Ferreira trenza un thriller de gran complejidad emocional, y a la vez, muy sobrio en lo formal. Casi desnudo. Los actores están maravillosamente dirigidos, con pulso firme, hacia un final inesperado que apunta a los padres por su rotundo fracaso a la hora de asumir su responsabilidad, no sólo como padres sino como adultos. Sin hacer grandes alegatos morales ni discursos, Los Niños Salvajes desvela la inmadurez de este tiempo, en el que todos vivimos encerrados en nosotros mismos sin ver a los demás, ni siquiera a nuestros hijos. Resulta una interesante metáfora de la confusión e infantilismo que reina en esta quejumbrosa sociedad en crisis, donde nadie asume responsabilidad –ni padres, ni políticos, ni ciudadanos- y donde echar la culpa a los demás se ha convertido en un refugio habitual. La otra película que ayer se presentó a la sección oficial a concurso es Ali, ópera prima del director Paco R. Baños que también explora la confusión de una joven cajera de supermercado de 18 años. La actriz Nadia de Santiago, que hace un alarde de talento al interpretar a una chica antipática y ególatra que hace la vida imposible a su madre (Verónica Forqué, en su eterno papel de excéntrica aniñada). Ali es un viaje autocomplaciente, una sucesión de postales visuales y musicales que el director filma con buen gusto, pero sin sentido para el que observa.