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La Script

María Guerra

Las críticas de 'La Script'. Una semana de películas oscuras, tanto por dentro como por fuera

'Sombras tenebrosas'. Sin salir del planeta Burton / María Guerra

Tim Burton abre una vez más la puerta chirriante de su peculiar universo. Son muchos años viviendo en su planeta privado, y ya va acusando una cierta vagancia tanto a la hora de elegir la historia y dirigir a los actores. Ésta es la octava vez que trabaja con Johny Depp, que repite con desgana su excéntrico personaje. En realidad, da igual que sea el sombrerero loco de Alicia o Sweeney Todd. Desde 'Eduardo Manostijeras' (1990) y 'Ed Wood' (1994), Depp no se ha molestado en variar el gesto ni en interpretar nada nuevo bajo la batuta de Tim Burton. La suya es una pareja bien avenida pero sin tensión dramática. Es un feliz matrimonio que ya no sorprende al público que busque en el universo de Tim Burton algo diferente a su eterna normalización de la excentricidad. 'Sombras tenebrosas' vuelve a ser otra reflexión sobre el tema favorito de Burton: la familia. Según el autor de 'Big Fish', todas las familias son extrañas, y él se limita a reflejarlo en espejos distorsionados. Es la adaptación de la serie de televisión de los años 60 protagonizada por Jonathan Frid -que encarnaba al vampiro, Barnabas Collins, miembro de una familia adinerada a la que no dejan de pasarle cosas extrañas. Rodada íntegramente en los estudios Pinewood de Londres y sin recurrir a las técnicas digitales, la película resulta visualmente primorosa y algo aburrida. Tras una brillante entrada, en la que zambulle a un vampiro amanerado, procedente del siglo XVIII, en la sociedad hippie americana de los años 70, 'Sombras tenebrosas' tarda poco en perderse en un guion tedioso y lento. Como es habitual en Burton, el reparto está muy bien compenetrado. Es un placer volver a ver a Michelle Pfeiffer, como pez en el agua, haciendo de matriarca de la familia Collins, y también produce regocijo ver a Eva Green de villana sofisticada, aunque su atuendo y peinado recuerde demasiado a la primera mujer y musa de Burton, Lisa Marie. Puede ser tediosa para los que esperen sorpresas; sin embargo, para los adictos de la enrarecida atmósfera Burton, 'Sombras tenebrosas' será una deliciosa tarde en una vieja mansión, de sobra conocida.

'Un lugar donde quedarse'. Placer oscuro / David Martos

Paolo Sorrentino es uno de los 'niños mimados' del Festival de Cannes. Cuatro de los cinco largometrajes del director italiano han sido incluidos en la sección oficial que compite por la Palma de Oro. De hecho, ahora hace justamente un año que 'This must be the place' [traducida como 'Un lugar donde quedarse'] compitió por el galardón en La Croisette, marchándose de vacío. Por el sur de Francia apareció discretamente Sean Penn, quizá no demasiado orgulloso de una cinta que se exhibió en la última jornada de la muestra junto a 'Drive', una de las sorpresas del último Cannes [y recordemos su limitada presencia en 'El árbol de la vida', su otra película en competición]. Y sin embargo, Penn debería haber sacado pecho en el festival... porque firma en 'This must be the place' una de sus interpretaciones más memorables, de esas que se incluirán en su biografía cuando fallezca. Esa estrella de rock crepuscular y niño mimado del siglo XXI que lleva por nombre Cheyenne será recordado por su voz atiplada, su violencia contenida y esa sonrisilla cómplice que lanza por doquier. La película comienza introduciéndonos en la rutinaria y casi depresiva vida de esa estrella de antaño, que hoy reside en una mansión irlandesa. Junto a su mujer -Frances McDormand- bombera por afición, vive de las rentas de una época que no volverá. Sin embargo, un fallecimiento trastoca su rutina y lo obliga a viajar a su Estados Unidos natal, donde se embarca en la búsqueda alocada, tipo 'road movie', de un criminal nazi. A pesar de que la línea troncal del argumento es lo más endeble de la cinta, las estampas que Sorrentino [también coautor del guión] va componiendo por el camino se quedan en la retina. Las secuencias del inventor de la maleta rodante, el niño con miedo al agua o cierto propietario de un coche... son difíciles de olvidar. Muchos críticos encasillaron la actuación de Sean Penn -y, en general, la historia de Sorrentino- en la casilla del ridículo, pero muy bien puede ser percibida como una historia que habla de la ausencia, de la paternidad austera... y de la conservación de la niñez. En cualquier caso, una joya de la cartelera.

'Seis puntos sobre Emma'. Lo mejor de Echegui / David Martos

En las notas sobre la película que la distribuidora facilita a la prensa, el director de 'Seis puntos sobre Emma', Roberto Pérez Toledo, dice lo siguiente: "Con la experiencia que me aporta mi propia silla de ruedas, la discapacidad se encuentra en la espina dorsal misma de lo que cuenta 'Seis puntos sobre Emma', pero siempre desde una naturalidad nada condescendiente". Para qué buscar otras palabras si él lo ha resumido perfectamente. Al contrario que en aquellos clásicos del cine en los que la discapacidad se traduce de inmediato en una historia de superación, la Emma de la película es ciega... como podría ser pelirroja. Se ha adaptado a esa situación. Punto. Ahora preguntémonos, ¿qué le ocurre al personaje? Al personaje que tan bien interpreta Verónica Echegui -quizá lo mejor que ha hecho en su corta pero intensa carrera- le afectan la misma soledad y la misma inseguridad que viven los veinteañeros reales de su quinta. Se enfrenta al amor, se relaciona con sus iguales y vive estos tiempos apocalípticos con sorna. El título 'Seis puntos sobre Emma' responde a la estructura con la que se componen los caracteres en braille, y se traduce en seis partes diferenciadas del guión que nos cuentan cómo es la vida de la protagonista. Ese guión, escrito con finura y rodado con elegancia -sin grandes hallazgos, pero con mano firme-, nos muestra la vida de una chica que vive en Tenerife y que está obsesionada con ser madre. Tanto que trata a los hombres que la rodean prácticamente como meros depositantes de esperma. En su roce con los compañeros de un grupo de terapia, en su trabajo como asesora en el Teléfono de la Esperanza, o incluso en la mera convivencia con sus vecinos, Emma despliega toda una filosofía de vida que encandila... incluso a medida que se percibe el peligro que esa actitud encierra. Roberto Pérez Toledo, director de cortos como el magnífico 'Los gritones' da un buen primer paso en el terreno del largo.

'Miss Bala'. Sueños rotos a balazos / María Guerra

Entre 2006 y 2011, los carteles de la droga han causado en México la muerte de 36.000 personas. Este negocio mueve 25.000 millones de dólares anuales, según el rotulo final de la película que dirige Gerardo Naranjo. Es una historia de realismo sucio y de violencia sin coreografía, que cuenta los avatares de una joven aspirante a un concurso de belleza, que acaba siendo secuestrada y utilizada como cebo de una banda de traficantes. El director utiliza la técnica del documental, con cámara al hombro y luz natural, para seguir los pasos de 'Miss Bala' (Stephanie Sigman). Despoja al personaje de todo sentimentalismo y describe a una mujer paralizada por el miedo que avanza hacia el abismo, participando cada vez más en los golpes de los narcos. Se trata de un retrato crudo y desnudo de la violencia y la corrupción que devora México. Se agradece la ausencia de moralina y mensajes grandilocuentes en torno a esta tragedia que se ceba con personajes anónimos como esta Miss Bala, que interpreta con hondura la actriz Stephanie Sigman.

'Infiltrados en clase'. Antigualla juvenil / María Guerra

A los cinco minutos de película, 'Infiltrados en clase' ya huele a viejo. Es una adaptación innecesaria de la serie de los ochenta, Jóvenes Policías, en la que Jonhy Depp se rodó como actor y se convirtió en sex symbol. Jonah Hill (Moneyball, Supersalidos) y Channing Tatum (Indomable, La legión del águila) retoman los personajes de dos jóvenes agentes de policía, que gracias a su cortedad mental y aspecto aniñado, se infiltran en un instituto para desarticular una red de tráfico de drogas. En lugar de aprovechar su magnífico personaje de asesor pitagorín de Brad Pitt en Moneyball por el que fue candidato al Oscar y salirse del carril de la comedia juvenil, Jonah Hill regresa a sus papeles de gordo atontado para los que ya se está pasado de años. Lo peor de todo es que él mismo es productor y promotor de la idea de esta comedia tontorrona, que no aporta nada al género. Basada en el chiste fácil, y en los contrastes de empollón feo (Hill) y macizo tonto (Tatum), Infiltrados se convierte en una sarta de gags flojitos. Tan solo destaca un cameo sorprendente que pone de manifiesto que la pareja protagonista no tiene química ni carisma. Se podían haber ahorrado la película y nadie la hubiera echado en falta.