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Precios… ¡y precios!

Ya se que algunos comerciante lo están pasando mal; ya se que no pocos están ajustando los precios hasta límites casi inaguantables y que incluso, por eso, muchos tienen lamentablemente que cerrar el kiosco. Sobre todo cuando no pueden competir con multinacionales, con aperturas de horarios comerciales solo tolerables para algunos y con otras muchas desventajas. Hay muchos así. Que se lo digan al pequeño comercio, que da vida y trabajo a tantos y tantos barrios. Pero luego están esos otros que siguen haciendo buen negocio aprovechando el tirón de ubicaciones estratégicas, fama, cafeterías que están junto a junto a hospitales, recintos deportivos, culturales, etc. O los que tienen cautivos a clientes que no tienen más remedio que consumir en su 'territorio', como los cines. El problema es que, en la situación del país, incluso los negocios hasta ahora más 'saludables' empiezan a dar síntomas de que las “constantes vitales” ya no son tan óptimas. Y la causa de estas deficiencias suele ser por problemas tan “sensibles” en estos momentos  como altos precios, precios “poco ajustados” a lo que ofrecen, servicios deficientes, y otros similares. Restaurantes-cafeterías con menús a 9-10 euros que luego cobran a esos mismos clientes 3 euros por un montadito, casi 2 por un café, 3 por una caña que no llega a doble; otros que apenas cultivan esa cultura tan española de la tapa, tan valorada por los clientes, frente a quienes muestran grandes alardes de generosidad a la hora de acompañar el famoso refresco. Restaurantes de menú cuidados, con variedad, con creatividad, con talento frente a otros que – con el mismo precio - siguen con el filete y las judías verdes de bote. Cafeterías que cobran unos calamares congelados como si fueran frescos, como si ofrecieran una mesa agradable, un servicio cuidado, unas barras sin suciedad, cuando la realidad es otra; restaurantes de medio pelo que cobran la carne o el pescado como en los mejores restaurantes; bares que ponen precio en unas simples bravas como si estuvieras frente al mar o que no se corresponden con la suciedad que tienen en sus papeleras o sus servicios… Todo eso tiene que ver en el precio, todo eso se valora cada día más. Es lo que se llama relación calidad-precio. O los cines, muchos de los cuales han montado definitivamente su negocio no en la película sino en las palomitas, los refrescos, las botellas de agua y las 'chuches' a precio de oro. Y claro, resulta que salir a tomar en algunos lugares unos simples cafés, unas simples cañas, unos simples menús, unas tapas o raciones o ir al cine y pasar por la zona de bar se convierte en un paseo, por unas cosas o por otras, que da miedo. Y las consecuencias son dar rienda suelta a la mejor alternativa que tiene el consumidor: rechazar lo que es caro, rechazar lo que no ofrece esa buena relación calidad-precio, cambiar de bar, de cafetería, de restaurante, ir al cine pero llevarse la botella de agua y las chuches en el bolso…La gente no está para abusos de nadie. Y hay quien todavía no se ha dado cuenta que el usuario, el cliente, no está para fiestas, pero, sobre todo, que no es tonta. Ya lo dije una vez aquí: para el comercio la vida es muy complicada, sí, pero mucho más para el que no se sepa adaptar a la situación actual. Si no lo hacen, sus clientes, tarde o temprano, les darán la espalda. Por ahí están muriendo muchos.

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