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SER Historia

Nacho Ares

De 04:00 a 05:00

SER Historia: 'Guardianas Nazis'

El lado más oscuro del nazismo viene de la mano de la mano ejecutora de sus atrocidades. En muchos casos mujeres; mujeres cuya historia hoy pone los pelos de punta a quien se acerca a descubrir su realidad

Guardianas Nazis

MÓNICA G. ÁLVAREZ. EXTRAÍDO DEL LIBRO GURDIANAS NAZIS (EDAF 2012) 22/11/2012 - 12:27 CET

«Cuando no obedecían las órdenes o lo que les había dicho que hicieran, entonces les golpeaba su cara o les daba un bofetón en sus orejas, pero nunca de una forma que les saltasen los dientes.» (Juana Bormann, La mujer de los perros).

«Qué quiere decir, ¿qué cometí un error? no... no estoy segura de lo que debería responder, ¿cometí un error? no. El error fue el campo de concentración, pero yo tenía que hacerlo, de otra forma yo habría sido puesta ahí. Ese si fue mi error.» (Herta Bothe, La sádica de Stutthof).

El nazismo postuló que todos aquellos que no fueran arios no eran humanos y por tanto serían tratados como animales. Si era ético experimentar con perros, gatos y ratones, ¿qué problema habría en hacerlo con judíos, polacos, gitanos u homosexuales? La respuesta está en los campos de concentración nazis, donde cientos de fieles guardianas, con la sangre «limpia», se convirtieron en las torturadoras y asesinas más despiadadas de la Segunda Guerra Mundial.

No son tan conocidas como los Hitler, Himmler, Goebbels o Mengele pero la historia más siniestra de la humanidad tiene su hueco para estas auténticas arpías, las caras inhumanas que tantas víctimas dejaron tras de sí. Como el caso de Hermine Braunsteiner, La Yegua de Majdanek, que disfrutaba dando coces en el estómago de sus confinadas; Irma Grese, el Ángel de Auschwitz, cuyo pasatiempo favorito era echar a las prisioneras a sus perros para que las devoraran; o Ilse Koch, La Zorra de Buchenwald, que ordenaba extirpar la piel tatuada de los presos para fabricar lámparas de decoración.

En esta exhaustiva y rigurosa obra la autora recoge la biografía de un total de 19 mujeres que participaron activamente en la maquinaria bélica del nacionalsocialismo y que sucumbieron ante el poder, la sangre y la muerte. ¿Tuvieron otra salida? Sí. No obstante, optaron por tomar las riendas, acatar órdenes y aliñar sus actuaciones con fuertes dosis de vejación, maltrato y sadismo.

Estas «mujeres» no son las únicas que formaron parte del Tercer Reich y lo apoyaron en cada una de sus iniciativas. Son muchas más, pero su conducta sobresalió por encima del resto.

Gracias a este libro, el recuerdo y la memoria de todos ellos hará que posiblemente nada de esto vuelva a repetirse. O quizás sí.