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La Script

Las críticas de La Script. Tigres digitales y la vuelta a Irak

'La vida de Pí'. Rugidos y bostezos / María Guerra

Esta es una pirueta lógica para un artista de reposada, pero perseverante osadía como es Ang Lee. El director taiwanés es un genio que no se resigna a repetirse. En su filmografía se cruzan comedias costumbristas (‘Comer Beber Amar’, 1995), clásicos victorianos (‘Sentido y Sensibilidad’,1995), incursiones y batacazos en el comic (‘Hulk’, 2003), westerns de temática gay (‘Brokeback Mountain’, 2005) y por supuesto, acción (‘Tigre y Dragón’, 2000) y pasión oriental (‘Deseo Peligro’, 2007). Después de que varios directores dieran por imposible la idea de adaptar ‘La vida de Pi’, la novela del canadiense Yann Martel, Lee se ha lanzado con candor a contar el viaje espiritual de un niño indio, adicto a las religiones y que acaba poniéndolas a prueba al compartir naufragio y balsa con un tigre de Bengala (totalmente digital). Y precisamente,  esa mezcla tan explosiva es uno de sus grandes atractivos, pero el cocktail no ha salido homogéneo sino irregular, con momentos y metáforas de intensa emoción y potencia visual como la convivencia del niño (Suraj Sharma) y el felino, pero también con insufribles bajones narrativos: pegotes explicativos a modo de guía de autoayuda zen para occidentales, como las escenas narradas por el Pi adulto (Irrfan Khan) que enfrían y explican obviedades.  

'Invasor'. David contra Goliath / Pepa Blanes

Probablemente Daniel Calparsoro sea uno de los cineastas de nuestro país que mejor ruede escenas de acción. En ‘Invasor’ filma unas cuantas y todas le han salido redonda. El problema de la película sea quizá su desarrollo. La mezcla de la acción con la tensión psicológica y la ética de los personajes no acaba de dar resultado. Si analizamos todos sus elementos: los actores –medidos y muy correctos-, la fotografía, la música -firmada por Lucas-, la historia –con un planteamiento sumamente interesante-, vemos que todos encajan. Todos menos uno, el guion. La trama personal de los protagonistas no crea demasiada empatía ni tensión y el leit motiv parece desdibujado. Por lo que el dilema que plantea la cinta –contar una injusticia a pesar de sus consecuencias o callarla- tiene poca fuerza en la historia a pesar de ser una propuesta interesante.   Dice Calparsoro que es una película que también reflexiona sobre la crisis actual aunque se desarrolle en la guerra de Irak. Es una pena que ese planteamiento no vaya a más en la pantalla. Volvamos sobre las actuaciones, tanto Alberto Amman en la piel del soldado traumatizado tras volver del horror de la guerra, como su compañero Antonio de la Torre, siempre perfecto, o Inma Cuesta. Todos están contenidos a pesar de la intensidad de la acción, salvo Karra Elejalde que da vida a un hombre de las cloacas algo particular. Lo mejor es que el cine español revise la guerra de Irak.  

'Capital'. Zarpazos sin garra / María Guerra

A sus 79 años, Costa-Gavras sigue creyendo en el cine como arma de denuncia y reflexión. Legendario por sus historias de denuncia como ‘Z’ (1969), ‘Desaparecido’ (1982) o ‘Amén’ (2002), el director de origen griego y afincado en Francia apunta ahora  su cámara hacía los banqueros que han arruinado a las clases medias y a los que denuncia “por haber convertido a Europa en un supermercado”. ‘El capital’ es un fiel retrato de un joven ejecutivo (Gad Elmaleh) que escala sin escrúpulos hasta la presidencia de un banco francés, marioneta de especuladores internacionales. La película pretende ser un viaje subjetivo, pero se limita a una mera enumeración de pecados capitalistas. Su vocación didáctica resulta exasperante, la profusión de frases y sentencias grandilocuentes invita a tomar apuntes. El protagonista no cobra vida, sus frías y despiadadas decisiones no rezuman la humanidad pretendida. 'El capital' se queda en una película algo maniquea y simplona, necesaria por su autoridad moral y cargada de buenas razones, que por sí mismas, no la convierten en una buena película.

‘Asterix y Obelix, al servicio de su majestad’. Los galos se vuelven locos / Pepa Blanes

Basada en la historia ‘Astérix en Bretaña’, esta nueva entrega de los galos más famosos del mundo, cuenta con un reparto repleto de grandes actores y quizá estemos ante la versión más libre de ‘Las aventuras de Astérix’, escritas por René Goscinny y dibujados por Albert Uderzo. ". En la cinta, esta pareja de aventureros deberá  cruzar el canal de la Mancha para ayudar a su primo segundo Anticlímax en su lucha contra los romanos. La Bretaña retratada por Laurent Tirand, con su té a las cinco, su reina, su pompa su boato, es una excentricidad que encuentra algunos momentos simpáticos y otros con algo de desvarío. Gérard Depardieu vuelve a hacer de Óbelix y, a estas alturas, difícilmente podremos ver a otro actor en este papel. Asterix es Édouard Baer. La reina de Inglaterra Catherine Deneuve, el español Javivi y, el mejor de todos, César, es Fabrice Luchini. El 3D –es la primera película de Asterix rodada así- tan sólo tiene sentido en las escenas en las que la pócima hace efecto.  El doblaje poco ayuda a la cinta  con Carlos Latre poniendo voz a uno de los personajes. Pasará sin pena ni gloria.  

‘El origen de los guardianes’ Atípica historia de navidad/ Pepa Blanes

Más que una película para niños en los albores de las fiestas navideñas, ‘El origen de los guardianes’ es una reflexión sobre los propios mitos navideños más alejada de los gustos de los niños que de los adultos.  En ella, Santa Claus, el Conejo de Pascua, el Hada de los Dientes, el Hombre de los Sueños y el rebelde Jack Escarcha se enfrentan a un espíritu maligno que busca que los niños dejen de creer en estos mitos. Es entonces cuando los propios mitos tienen que replantearse eso de reinventarse o morir. La cinta es entretenida, tiene ritmo, una estética que ahonda entre lo más armonioso –en las escenas del Hada y del Conejo- y en lo más oscuro y tenebroso –con Jack Escarcha y el malvado Sombra-. Le falta una cosa: emoción con la que arrastrar a los niños durante la cinta. Lo mejor son las voces de la versión original, Hugh Jackman, Jude Law, y Alec Baldwin y la cantidad de referencias a las tradiciones nórdicas y a la mitología que corren a cargo del universo de William Joyce. Es por eso, por lo que se pierda un poco en los países del sur, como el nuestro que, aunque casi hayamos aceptado a Papa Noel, al resto de figuritas las mantenemos alejadas. Y es que tan sólo hay un guiño a Europa: el ratoncito Pérez, tiene un cameo en esta película que firma Peter Ramsey, dibujante de storyboards deEl club de la lucha’ (1999) o ‘Inteligenica articial’ (2001). Novedosa para ser una historia de Navidad.  

'Cruz del sur' Inmigración que no viene en patera / María Mur

La crisis nos ha enseñado a unos, y recordado a otros, que el inmigrante no es solo el que llega en pateras y que son pocos los que se salvan de esta escabechina. Da igual que hayas vivido bien, que siempre hayas tenido un trabajo bien remunerado o que pertenezcas a esa clase media, tan en decadencia estos días. El paro no discrimina. 

'Cruz del Sur', una película pequeña, va precisamente sobre esto, sobre un hombre acomodado que se ve obligado a emigrar dejando atrás a su familia cuando cierra el laboratorio en el que trabaja. Lo que no casa demasiado con la actualidad es el origen del inmigrante y su destino. Pero no es que no casen por nada en especial, sino simplemente porque han cambiado las tornas. Antes eran extranjeros los que tenían puestos sus sueños en España (el uruguayo de esta historia, por ejemplo) y ahora somos nosotros, los españoles, los que buscamos el futuro fuera. En cualquier caso, el planteamiento inicial es bueno. Lo que no está del todo bien planteado es la subhistoria: el protagonista (David Sanz, que codirige la cinta junto con Tony López) pone en juego su sólido y bucólico matrimonio por una veinteañera con la que trabaja en un bar en Barcelona. Seguramente el objetivo haya sido mostrar ese caos interno que desata el paro, ese pozo de inseguridades, bochornos y miedos. Pero el problema es que no termina de ser creíble, y el protagonista queda retratado en todo momento como un inmaduro en busca de faldas. Aún así, el exceso de melodramatismo se salva con la excelente interpretación del secundario Jorge Temponi, un cómico y espídico camarero.