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La Script

María Guerra

Las críticas de La Script. A Peter Jackson le crecen los enanos

'El hobbit, una aventura inesperada'. Peter Jackson entra en bucle / María Guerra

Diez años después de la trilogía de 'El Señor de los anillos', Peter Jackson sigue dando vueltas por la Tierra Media. Cada vez con mayor precisión y primoroso detallismo, el director neozelandés se ha quedado varado en sus valles y batallas. Y si la primera trilogía resultó eterna para los espectadores neutrales- aquellos que sienten suficiente, pero distante curiosidad para acercarse a un cuento orientado al público juvenil- esta primera entrega de 'El Hobbit' confirma su vocación de interminable. ¿A santo de qué hacer tres películas de una pequeña novela que se adaptaría cómodamente en un largometraje de dos horas? Jackson ya ha rodado las tres películas de 'El Hobbit' que se estrenarán entre 2012 y 2014. Una vez vista la primera parte del 'El Hobbit' es evidente la intención hacer caja y vender millones de réplicas de los enanos protagonistas. Su torpe avaricia va en contra de sus posibilidades como director, un consumado creador de mundos de ficción que ha caído en la trampa del autocomplacencia. El artista Jackson se ha enamorado de sus criaturas y ha entrado en un bucle contemplativo. Sobra detalle y falta argumento, lo cual puede resultar tolerable para un chaval que se deja entretener con el tirabuzón de la acción. También la paladean con placer los gourmets tecnológicos que disfrutan la nitidez del 3D combinado con la precisión de la imagen a 48 fotogramas por segundo. Pero la periodista que escribe estas líneas sintió mareo físico durante la proyección y un pertinez dolor de cabeza en las horas posteriores.

'De óxido y hueso'. La princesa y la bestia / Pepa Blanes

Jacques Audiard se está convirtiendo con cada película que presenta en el Albert Camus del siglo XXI. Si el escritor de La Peste presenciara esta crisis económica y moral que padecemos en Europa, probablemente haría un retrato similar al que hace Audiard en 'De óxido y hueso' del proletariado de la Costa Azul francesa, unos personajes que luchan contra su destino, como hacía el señor Meursault en el 'El extranjero'. Mezcla de cine negro con el melodrama, Audiard nos cuenta una historia de amor entre Stephanie (Marion Cotillard) y Ali (Matthias Schoenaerts). Ella ha sufrido un accidente y se queda sin piernas y él, un padre sin oficio ni beneficio bastante animalucho. Los dos actores están impecables en una interpretación que, para ambos, es probablemente la más desafiante de su carrera. Furia, sexo, violencia, injusticias, belleza, mutilación, sol... el director galo firma una película llena de contrastes después del éxito de 'Un profeta'. Con una impecable primer parte, Audiard pierde el pulso y culmina con un desenlace algo cómodo y un tanto previsible, después del desasosiego de toda la película.  A pesar de ese final a lo Iñarritu, estamos ante ese cine que se mete en el ojo y no se va.

'La hija de mi mejor amigo'. / Cómo desaprovechar a Hugh Laurie / Pepa Blanes

En 'La hija de mi mejor amigo' -título que ya desvela los derroteros de esta historia- es una comedia que trata un peliagudo tema: que un madurito se enrolle con la hija veinteañera de su mejor amigo. Un tema ya tratado en el cine, por ejemplo en la oscarizada y maravillosa 'American Beauty'. Aquí todo es mucho más banal y carece de relfexión o crítica. La cinta parece centrarse en la parte cómica del asunto, pero tampoco en este punto acierta. Las risas son contadas y eso que la película cuenta con un reparto de esos que ya garantiza la comicidad. Y es que sorprende que una comedia con estos actores falle:  Hugh Laurie (House), Allison Janney (El ala oeste de la Casa Blanca), Leighton Meester (Gossip Girl), Catherine Keener (Truman Capote), Alia Shawkat (Arrested Development), Oliver Platt y Adam Brody (The O.C.).

'Las constituyentes'. La revolución femenina no ha tenido lugar / Pepa Blanes

Si miramos los libros de texto, da la sensación de que la Historia está escrita por hombres, olvidando el papel de la mujer en el avance de la sociedad. Este es uno de los mitos que la realizadora Oliva Acosta quería desmontar cuando se dispuso a realizar el documental de 'Las constituyentes'. Una obra que busca y reúne a "las madres de la Constitución". Y es que todos sabemos quiénes fueron los padres de la Carta Magna, pero poco conocíamos de estas valientes diputadas y senadoras que se lanzaron a la aventura política en una España muy complicada política y socialmente, sobre todo para las mujeres. El documental ha logrado una hazaña difícil de conseguir en los tiempos que corren: juntar a un grupo de mujeres que se dedican a la política en la actualidad y que pertenecen a todos los partidos con representación parlamentaria y sentarlas con algunas de estas constituyentes. El diálogo espontánea que recoge la cámara de Acosta es, sencillamente, necesario de escuchar. 'Las constituyentes' no es sólo un documental sobre la transición o sobre la mujer. Es una cinta que nos enseña que hablar y escuchar es esencial, que la revolución -sobre todo la que permite la igualdad entre hombres y mujeres- no ha finalizado todavía y que hubo un tiempo en que la Política -así con mayúsculas- fue una profesión necesaria y respetable.

'El molino y la cruz'. Dar vida a un cuadro / María Guerra

El director polaco Lech Majewski, especialista en las llamadas art movies, mete su cámara y da vida a los personajes del cuadro ‘Camino al calvario’ del pintor flamenco Pieter Bruegel (1525-1569). Protagonizado por Rutger Hauer, en el papel de pintor, y Charlotte Rampling interpretando a la virgen María del lienzo, Majewski  compone un particularísimo fresco de la sociedad flamenca del siglo XVI oprimida por el odiado ejército español que masacra sin piedad a los infieles al catolicismo. Se trata de una película muy singular para paladares exquisitos y pacientes, dispuestos a disfrutar de una genial recreación de la atmósfera pictórica de la escuela flamenca: sus nieblas, los ocres del campo y la palidez de sus mujeres. Pero 'El molino y la cruz' es también una reflexiva meditación sobre la vida humana a través de su cotidianidad: la vida avanza como las aspas del molino –los niños juegan, los campesinos trabajan- sin detenerse ante las atrocidades cometidas. Una deliciosa  experiencia.