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La Script

María Guerra

De 16:00 a 17:00

Los Globos: no son la antesala, son un guateque

En los últimos años se veía venir, pero en esta edición se ha confirmado que los Globos de Oro ya no son la antesala de los Oscar. El propio ganador de anoche, mejor película dramática y dirección para Ben Affleck por Argo, se quedó atónito cuando escuchó su nombre. Argo es una entretenida y muy correcta cinta de acción, pero de está muy lejos de películas de mucha más envergadura como The Master o La Noche más Oscura. Tarantino alucinó cuando recogió el galardón a mejor guion por su grotesca visión de la esclavitud, Django desencadenado, y el austriaco Cristoph Waltz casi se echa a llorar de la sorpresa al recibir un premio por un papel casi idéntico al de Malditos Bastardos. El musical Los Miserables sí cumplió su parte del guion al conseguir los tres premios – mejor comedia o musical, Hugh Jackman y Ann Hathaway, mejor actor protagonista y actriz de reparto respectivamente. Los Globos se anticiparon a los Oscar en lo obvio: los premios a Daniel Day Lewis como extraordinario protagonista de Lincoln y Jessica Chastain, excelente y gélida espía de La Noche más Oscura. Los Globos de Oro se han quedado en una divertida fiesta donde corre el champán y manda el petardeo. Las películas candidatas se eligen anteponiendo la presencia de estrellonas a la calidad de las películas. ¿Y qué valoramos aquí? ¿Merece El exótico hotel Marigold o La Pesca del Salmón en Yemén una candidatura que las distinga entre las 10 mejores películas del año? Evidentemente no. Por eso, resulta especialmente justo que en esta edición la Academia de Hollywood haya anticipado sus candidaturas tres días a la ceremonia de los Globos y haya dejado claro el mensaje. En la Academia se atreven a reservar 5 candidaturas para la minoritaria (y estremecedora) Amour de Haneke, mientras que en los Globos de Oro han utilizado al forzudo para entregarle el premio de mejor película de habla no inglesa a su paisano, un cineasta puro que se rió de la zafiedad de la broma . Un chiste fácil y televisivo que sitúa estos premios en su nivel: el de un programa de televisión con profusión de estrellas luciendo modelitos. No hay nada de malo en ello, pero ya no hablamos de calidad cinematográfica sino de negocio televisivo.