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Alimentos ecológicos ¿más saludables, más ricos y más seguros? por Juan Revenga

Las cuestiones relativas a los denominados de forma genérica como alimentos ecológicos suelen ser motivo de posturas encontradas, muchas veces sostenidas con no poca beligerancia. El caso es que, en ocasiones, los argumentos tanto de uno como de otro lado se apoyan más en convicciones personales, e incluso en deseos, antes que en datos contrastables. A día de hoy, con esos datos en la mano opino que, en principio y en general, los alimentos de origen ecológico no son ni más saludables, ni más seguros, ni están más ricos (sabrosos, apetecibles, etc.) que sus homólogos procedentes de la agricultura o ganadería tradicional. Esto no quiere decir que sean peores, pero tampoco mejores. En esencia, los alimentos ecológicos son productos obtenidos a partir de una serie de procedimientos muy concretos, diferentes en parte de los de procedencia “tradicional”. ¿Qué son los alimentos ecológicos? La categoría de alimentos ecológicos puede ser aplicada a todos aquellos productos obtenidos mediante el uso (o no uso) de procedimientos concretos. Estos procedimientos, los que se pueden usar (y por eliminación, los que no) se encuentran recogidos en una normativa bien concreta. Así, el listado de productos que pueden ser empleados en la producción ecológica están fijados en el Reglamento (CE) nº 834/2007 del Consejo sobre producción y etiquetado de los productos ecológicos, cuya aplicación compete al Reglamento (CE) nº 889/2008. Huerto-ecologicoMás allá de los textos legales pero en concordancia con ellos, la filosofía para poder considerar un producto como ecológico reside en constatar que todo aquello que se utilice para su producción se pueda encontrar en la naturaleza. Así de simple. Sin embargo, se trata de una única condición no exenta de claroscuros. Por ejemplo, esta exclusiva premisa no tiene en consideración si ese producto natural empleado es “bueno” o “malo”, y se permite su uso por el mero hecho de encontrase en la “naturaleza”. Así, por ejemplo, el mineral cobre puede utilizarse en la agricultura ecológica como fungicida “natural” a pesar de estar más que contrastado sus efectos deletéreos en la fauna y flora al acumularse de forma irreversible en el suelo. Otro ejemplo de los contrasentidos de la producción ecológica resulta de observar que a día de hoy este sistema cuenta con la autorización legal para poder madurar en cámaras productos recogidos aun “verdes”, algo que desde luego no parece muy coherente con la filosofía de poder utilizar en la producción solo sistemas o métodos que puedan encontrarse en la “naturaleza”. ¿Son más nutritivos? En los últimos cinco años se han publicado importantes trabajos científicos que se han planteado como premisa esta misma pregunta. Así, en 2009 una revisión sistemática de todos los estudios sobre este tema desde 1958 concluía que “no existen pruebas que atribuyan diferencias en la calidad nutricional entre los alimentos ecológicos y aquellos producidos de forma convencional”. En el mismo sentido y en relación con el efecto sobre la salud de los alimentos ecológicos, en 2010 se publicó otro artículo basado en la misma revisión sistemática que afirmaba de forma bastante clara que “no hay pruebas de mayores o mejores efectos sobre la salud relacionados con la nutrición que se deriven del consumo de alimentos de producción ecológica”. Por último, en 2012, otra revisión sistemática llegaba a la conclusión de que “hasta la fecha se carece de pruebas contundentes para afirmar que los alimentos ecológicos sean más nutritivos que los alimentos convencionales”. En todo caso, añadía este estudio, “el consumo de este tipo de alimentos podría reducir la exposición a los residuos de pesticidas y bacterias resistentes a los antibióticos”. Esto no significa que se deba alarmar a la población con respecto al uso de este tipo de sustancias, ya que su presencia en alimentos convencionales está dentro de los límites de seguridad. Sea como fuere, sí que parece que existen algunos indicios que apuntan hacia un menor impacto ambiental en el uso de la producción ecológica, tal y como se señala en el blog “Comer o no comer” en este enlace. ¿Son más seguros? A día de hoy el consumidor puede depositar una confianza más que razonable en prácticamente toda la denominada cadena alimentaria. La legislación, los medios disponibles y los controles contemporáneos están a años luz de los que existían hace décadas. En cuanto a los productos de origen ecológico y teniendo en cuenta que sabemos que estos van a estar exentos de insumos “convencionales”, la seguridad alimentaria ha de ser contemplada sabiendo que estos gozan de una legislación más laxa en algunos parámetros. MERCADODe esta forma, por ejemplo, se permite que la presencia de micotoxinas y aflatoxinas sea muy superior en el momento de la comercialización en este tipo de productos que en aquellos que no tengan la consideración de ecológicos. Por no hablar además del riesgo aumentado de contaminación por bacterias fecales. Recordemos que en la producción ecológica se prohíbe el uso de abonos nitrogenados, permitiendo el uso exclusivo de, y cito textualmente, “estiércol animal o materia orgánica […] ambos de producción ecológica”, de esta forma el riesgo de intoxicación con bacterias fecales es unas ocho veces mayor en el caso de consumir productos procedentes de la agricultura ecológica que con la tradicional. A modo de ejemplo, en el origen de la renombrada crisis de los pepinos españoles, lejos de tener una causa española y centrada en los pepinos, todo apunta a que se debió a una producción ecológica de fenogreco en Alemania. ¿Son más sabrosos? Las cuestiones organolépticas son sin lugar a dudas cuestiones más subjetivas que las antedichas. De todas formas cuando se han realizado pruebas objetivas de cata con paneles de jueces catadores experimentados, los productos ecológicos no han obtenido notas significativamente superiores a los de procedencia tradicional. Aun y todo, es importante tener en consideración que los productos ecológicos son, mucho más probablemente, alimentos obtenidos en su temporada. Así, si se comparan dos productos con distinto origen, ambos recolectados en su temporada típica, las diferencias serán mínimas y dependerán más de la variedad y; sin duda alguna, de las preferencias del consumidor que de su origen ecológico o tradicional. ECOLOGICOSA modo de consejo práctico, un servidor se aprovisiona de alimentos que, a poder ser, estén en su temporada, provengan de un entorno geográfico no demasiado alejado y sobre los que se me garanticen un mínimo de seguridad. Si son de producción ecológica o no, no es para mí, un criterio decisivo. Por ejemplo, en mi casa se consumen tomates entre junio y octubre (distintas variedades) pero nunca en enero, al igual que las patatas que se comen proceden de no más de 200 km de distancia; con independencia de que el origen de tomates, patatas y demás sea ecológico o no. La conciencia ecológica, en mi opinión, va mucho más allá del consumo de una serie de productos con sello propio. Sello que nunca ha de ser considerado como el aval inequívoco de una mayor ventaja nutricional; menos de una mayor seguridad alimentaria y, cada uno verá, si de unas mejores cualidades organolépticas.              

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Juan Revenga es consultor en materia de nutrición, alimentación y salud en virtud de la evidencia científica más actual. Trabaja en la Universidad San Jorge como profesor en la Facultad de CC. de la Salud. Y también colabora en el periódico 20 minutos

           

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