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Cuanta más tele vemos, más engordamos

descarga (3)Que la televisión promueve la ganancia de peso es algo tan sabido como ignorado, a juzgar por las cifras de sedentarismo de los españoles. ¿Sabías que ostentamos el dudoso honor de ser uno de los países que más ama el sofá de toda la Unión Europea? Aunque todavía hay quien nos gana: menos del 25% de la población americana camina más de diez minutos por semana. Deprimente. futuro-smart-TVPues bien, como veremos en este texto, la tele puede engordarnos por varias razones. Una la encontramos en el libro “Comer o no comer”, coordinado por el periodista Antonio Ortí. En él se detalla un divertido cálculo que vale la pena traer a cuento: “Usar el mando a distancia priva de consumir dos calorías cada vez que se cambia el canal (de otro modo, habría que levantarse para ir al aparato de televisión). Teniendo en cuenta que se cambia de canal siete veces a la hora, los expertos calculan que semanalmente se dejan de quemar trescientas calorías, el equivalente a una pechuga de pollo con ensalada y postre”. Si a ello le sumamos las (muchísimas) calorías que no gastamos por el hecho de estar sentados, entenderás por qué las cifras de obesidad en el mundo no paran de aumentar, como bien detalla la OMS. Sin embargo, el hecho de no gastar calorías no es el único motivo por el que pasar horas con el mando en la mano hace que la báscula suba. Investigadores de la Universidad de Tuffs, en Boston, encuentran varias razones más (revista Phsychology & Behaviour, agosto de 2012): 1.- Publicidad. descarga (4)La sempiterna publicidad de alimentos insanos (directa o indirecta –oculta en programas de televisión-). Está demostrado que a más anuncios vemos de comida “malsana” (así la llama la OMS), más comida malsana tomamos. Es esa “comida” que es tan barata y que está tan a mano, según declaraciones de la mismísima directora de la OMS, la doctora Margaret Chan. El efecto de esta publicidad sobre la obesidad infantil es, por cierto, demoledor. 2) Tragar sin pensar La televisión se asocia a comer "sin darnos cuenta”. Así, cuando vemos la tele, además de comer peor, comemos más. Numerosas investigaciones muestran esta asociación tanto en adultos como en niños. ¿Sabías que solo una lata de bebida azucarada “de más” cada día puede hacerte ganar 4,5 kg al cabo del año? 3) Estigmatización de la persona con obesidad La tele tiende a tratar de forma discriminatoria al individuo que tiene exceso de peso (en series y películas suele ser alguien más mayor, soltero, desempleado, etc), y se le culpa de forma soterrada o explícita de su dolencia. Analicé esta cuestión en un artículo titulado “La pereza ¿engorda?”. Muy recomendable, en este sentido, este texto del dietista-nutricionista Juan Revenga, en relación a un infortunado programa de Tele 5 llamado “No seas pesado”. Esta clase de humillantes reality shows, que representan la pérdida de peso como un juego o una competición (incluso diría “circo”), socavan la complejidad y el alcance del problema. Ponen énfasis en el papel del individuo, y simplifican el papel que tienen las causas genéticas, ambientales y sociales en esta patología. Se como sea, se sabe que esta estigmatización puede promover ganar más peso corporal, porque genera una insatisfacción que dificulta abordar como es debido esta dolencia. niñotvPodría mencionar también a los programas de cocina o a los telediarios (también ponen su granito de arena), pero es suficiente para entender que la capacidad que tiene la tele de hacernos ganar peso no solo es directa (por dejar de gastar calorías, o por comer alimentos insanos), sino también indirecta. No voy a hablar de la presión de los lobbies alimentarios para que esta situación no cambie (algo que reconoce, de nuevo, la doctora Chan) sino que voy a concluir con tres mini-consejos: 1) es mejor no tener televisores en las habitaciones (sobre todo en las de los niños), 2) comer en familia es muy recomendable, pero más aún es hacerlo sin una tele delante y 3) sé consciente de que si tú ves mucha televisión, tu hijo también lo hará. Predicar con el ejemplo, como dice el refrán, es el mejor argumento.  

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