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¿Perder peso al empezar el año? Sí, pero sin milongas

Ministerio-Sanidad-asociaciones-nutricionistas-advierten-peligro-salud-dieta-DukanHoy hablaré sobre la pérdida de peso, pero antes traigo unas declaraciones del catedrático de nutrición y bromatología Jordi Salas-Salvadó, quien, en la entrevista que le hizo el 7 de enero El Punt Avui, incluyó esta genialidad: “Hace 30 años que me dedico a la nutrición y a veces parece que sabe más la vecina de arriba”. Se trata de un experto que cuenta en su haber con cientos de estudios científicos y es por ello que resulta tan divertido imaginar a la vecina del quinto discutiendo con él sobre las dietas muy bajas en calorías para el tratamiento de la obesidad, o sobre el supuesto poder saciante de las proteínas. Su palabras suenan a música celestial cuando añade: “El acto de comer es tan inherente al hombre, que todos pensamos que podemos opinar. La parte buena es que la gente se preocupa por lo que come y por su estado de salud, pero, en sentido contrario, hay muchas noticias que desinforman en vez de informar, y todo el mundo se cree capaz de decir ‘esto va bien y esto no’”. Yo añadiría (y estoy seguro de que el profesor Salas-Salvadó estaría de acuerdo conmigo) que no solo desinforman determinadas noticias…también lo hacen, y mucho, ciertos sectores interesados en nuestros bolsillos. Sectores con corbata, que huelen a colonia cara, que hablan con lengua viperina sobre salud, sobre obesidad, sobre nutrientes difíciles de pronunciar o sobre lo que les venga en gana con tal de engatusarnos. Como diría Joan Manuel Serrat, “entre esos tipos y yo hay ?????????algo personal”. ¿Por qué? Porque cantan milongas para que compremos su “dieta”, sus batidos, sus sobres, sus snacks adelgazantes, sus quemagrasas, sus plantas “medicinales” o sus complementos dietéticos, siempre naturales, siempre “exentos de riesgos” y siempre “eficaces” rápidamente y al 100%. Todo patrañas como la copa de un pino, que acaban desmotivando, deseducando y generando un sentimiento de culpabilidad enorme en el pobre paciente (“si esto tan eficaz e inofensivo, que funciona en tantos miles de personas, no me hace adelgazar, será porque estaré haciendo algo mal o porque soy un tío raro”). Nada falaz es, sin embargo, un texto que acaba de publicar el doctor Bittor Rodríguez, denominado “¿Cuál es la mejor manera de tratar la obesidad?”. Llega en un buen momento, ya que muchas personas empiezan el año con el firme propósito de adelgazar. Como el escrito está en castellano, no lo resumiré, ya que su lectura es imprescindible para comprender la trama que gira en torno al gran problema de las crecientes cifras de obesidad en nuestro medio. Coincido con Bittor, desde luego. Tal y como detallé en diciembre del año pasado, “Los esfuerzos para combatir la obesidad serían mucho SER-saludablemás eficaces si los gobiernos tomaran cartas en el asunto y considerasen al individuo una inocente víctima de un sistema que contribuye a su ganancia de peso”. No está en castellano, sino en inglés, un bonito artículo científico denominado “Healthy strategies for successful weight loss and weight maintenance: a systematic review”, es decir “Estrategias saludables para perder peso y mantener la pérdida con éxito: revisión sistemática”. Lo acaban de publicar Ramage y colaboradores en la edición de enero de 2014 de Applied physiology, nutrition, and metabolism. La conclusión de su extensa revisión bibliográfica (que menciono en unas líneas) no parece novedosa, pero viene como agüita de mayo en este embrollo de la pérdida de peso, que se lía por momentos. Y si no me creen, lean este titular de ABC. Sí, se puede adelgazar en el McDonald’s, y también se puede uno enamorar de una pinza de tender la ropa, pero muy normal no es, desde luego. A ver cuándo consigue alguien engordar comiendo pimiento crudo, por cierto. En fin, vayamos a la conclusión del estudio antes citado: “las evidencias científicas justifican y apoyan [para la pérdida de peso exitosa y el mantenimiento del peso conseguido] un enfoque 20130912csrcsrsoc_1integral que incluya una reducción en la ingesta dietética, la práctica regular de actividad física y estrategias de comportamiento [como el auto-control de la ingesta, del ejercicio o del peso corporal]”. Nada nuevo, insisto pero muy necesario en este mundo en el que la vecina de un catedrático de nutrición se atreve a llevarle la contraria e incluso a autoproclamarse una gurú de las dietas. Hablando de falsos gurús, Ramage y colaboradores revisaron si las “cacareadas promesas de las dietas hiperproteicas” tienen sostén científico…y nones. La pérdida de peso se justifica por la disminución en el consumo de calorías, no por tomar más proteínas. Digan lo que digan los promotores de esta clase de artificios. En 2010 se publicó “No más dieta”, un libro que escribí junto a la periodista Mª José Mateo. Han pasado cuatro años (volando, por cierto), pero la recomendación que allí aparece sobre cómo abordar la pérdida de peso sigue siendo válida, así que aquí la traigo: “la receta para adelgazar está compuesta por estos cuatro ingredientes: 1) seguimiento por un especialista, 2) alimentación saludable, 3) modificación de los hábitos de vida (eso incluye el ejercicio físico habitual) y 4) sobre todo, persistencia”.  Julio Basulto (@JulioBasulto_DN)

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