Kiev desde la barricada

Problemas internos, que vienen de lejos, más allá incluso de la revolución Naranja de Noviembre 2004 que enfrentó al candidato pro-gubernamental Víktor Yanukóvich y al líder pro-occidental Víktor Yúshchenko -apoyado por Yuliya Tymoshenko, han llevado a Kiev a un punto de extrema tensión

Con el trasfondo del pacto de adhesión de Ucrania a la Unión Europea, desligándose así del influjo político y económico de Rusia, miles de ciudadanos iniciaron una protesta pacífica el 21 de Noviembre de 2013 ante la suspensión unilateral del Acuerdo de Asociación y Libre Comercio entre la Unión Europea y Ucrania

La división de la población ante la cuestión europeísta no es más que el reflejo de viejas cuestiones y heridas mal cicatrizadas. Esta división es preocupante pues marca índices de apoyo a la Unión y Rusia con carácter territorial. Si un 38% de la población Ucraniana se decanta por continuar en la esfera rusa, un porcentaje sólo un poco menor se inclina hacia la apertura europea. La capital y buena parte del Oeste del país aglutinan el sentimiento pro-Europeo, mientras que al Este del Dniper, en el Sur del país y en la península de Crimea el apoyo pro-ruso es evidente.

Después de que los enfrentamientos entre la Policía y los manifestantes en la calle Mykhaila Hrushevs'koho, a finales de Enero, desembocasen en una batalla campal y en la muerte de al menos cinco manifestantes, los ciudadanos resistentes hicieron retroceder a la policía y procedieron a la ocupación de varios edificios públicos. El centro de la ciudad, con el Maidan Nezalezhnosti como epicentro de la protesta, se blindó con enormes barricadas de sacos llenos de nieve helada y vehículos calcinados. El estado de sitio había comenzado y con él la espera, la incierta e inquietante espera.

Miles de ciudadanos, cosacos y partidarios de muy diferentes facciones políticas, con una notable representación de la extrema derecha, resisten día y noche en las calles guardando las barricadas y formando grupos de auto-defensa cada vez mejor entrenados, equipados y armados.

Moverse por el centro de la ciudad se ha convertido en un cruce continuo de check-points controlados por hombres vestidos con variopintos uniformes de camuflaje y armados con palos, tubos de hierro, escudos de madera y metal, algunas viejas armaduras medievales y en ocasiones pistolas detonadoras. El escenario recuerda, necesariamente y salvando las distancias, a los inicios del conflicto yugoslavo.

A las puertas del Estadio del Dynamo, en la calle Hrushevs'koho, donde se encuentra la barricada principal, varias decenas de manifestantes llevan semanas aguantando temperaturas extremas, cubiertos de hollín y dormitando a pocos metros de la línea de seguridad de la Policía. La noche pasa junto a bidones en los que arden maderas traídas de todos los rincones de la ciudad por los ciudadanos junto a litros de té y tentempiés variados. La música, con melodías cruzadas, procedentes de ambos lados de la barricada, crea una atmósfera irreal de auténtica guerra psicológica. Dormir no es sencillo y los centinelas se mantienen alerta para prevenir infiltraciones. Los cócteles molotov, preparados junto a los parapetos de neumáticos, esperan para ser prendidos y lanzados en caso de emergencia.

En la calle Khreshchatyk, la avenida principal que cruza la Plaza de la Independencia, centenares de tiendas de lona verde expulsan jirones de humo desde las estufas de leña que desde su interior hacen más llevadera la paciente espera de los "guerreros". Los edificios ocupados se suceden, desde las instalaciones del Estadio del Dynamo de Kiev hasta el edificio del Ayuntamiento, pasando por la Casa de Ucrania y la Biblioteca Nacional del Parlamento, convertida en Hospital con área de cirugía. Severos controles vigilan los accesos a los edificios y miríadas de jóvenes deambulan por este singular espacio bajo sitio luciendo con orgullo sus cascos y uniformes militares.

Pese a la dimisión del Primer Ministro, la tensa calma promovida por el Presidente Yanukóvich, bajo el auspicio del Premier ruso Wladimir Putin, para no restar protagonismo a los Juegos Olímpicos de Sochi, mantiene en vilo a la ciudad. Los ciudadanos esperan entre la incertidumbre y la esperanza que las potencias occidentales respondan de forma más ágil que en la Guerra de los Balcanes y su intervención sirva para forzar la dimisión del Presidente, la convocatoria de elecciones anticipadas y evitar una guerra que muchos manifestantes ven como segura cuando señalan, sin ambages que "han venido aquí a morir por la libertad"

Cientos de fotógrafos freelance y muchos amateurs se han lanzado a la aventura de vivir, en su génesis, un conflicto cercano y económicamente asequible. En cierto modo el frontline se ha convertido en un lamentable circo mediático en el que abundan aficionados y se echa mucho en falta a los pesos pesados de la Prensa Internacional. La crisis ucraniana se ha convertido en una aventura en la que medir las fuerzas y probar fortuna...y eso, en cierto modo, intranquiliza.

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