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1-0Se eleva a trece el número de detenidos en la operación contra el referéndum ilegal

No se quieren enterar

No se enteran. No se dan por aludidos. Es dramática la incapacidad que muestran las cúpulas de los dos grandes partidos para leer el mensaje que les han enviado las urnas el pasado fin de semana. Hay excepciones honrosas dentro del bipartidismo que sí lo han pillado, pero los aparatos siguen a por uvas y eso que las urnas son el único mensaje que escuchan, entienden y les importa. Pero este mensaje no lo quieren entender. No les conviene entenderlo porque les cuestiona. Es un zas en toda la boca. En su boca. Ni por esas la cierran y de sus labios no salen más que sapos y culebras contra esa nueva formación política (y sus votantes) que les ha dado un codazo en las costillas para hacerse sitio. Más allá del insulto, al que estamos tristemente acostumbrados, lo más lamentable es que insisten en los errores que les han llevado a la mayor caída de votos de su historia. Es especialmente patética la inopia de los barones y popes del PSOE. Sus votantes les piden renovación y ellos quieren nombrar a dedo a Susana Díaz, una presidenta colocada a dedo por la Junta de los ERES falsos, que no ha trabajado fuera de la política y que no ha sido refrendada por unas elecciones. Ole, ole y ole. Sus votantes les piden democracia y ellos les dan nepotismo. Creen que saben más que nadie y que están por encima del bien y del mal. Un caso patológico de esta prepotencia es el gurú Felipe González que ayer presumía de ser "de la casta" que trajo el progreso a este país, en respuesta a las críticas de Podemos a los que llamó peligrosos bolivarianos. Felipe parece que trabaja para el enemigo. Cada vez que abre la boca, el PSOE pierde votantes. Es uno de los ejemplos más palpables de que el antiguo régimen está gagá y está grogui. Es un ejemplo de que el poder se te sube a la cabeza y te pillas un globo tan grande que dejas de ver el suelo que pisa la gente normal. Lo de este hombre no tiene cura. Ni aunque se gastase en un tratamiento los 125.000 euros anuales que cobra por aburrirse, como él mismo ha dicho, en Gas Natural. No se dio por aludido cuando los votantes le echaron de la presidencia después de que dejara el país arrasado por la corrupción y el terrorismo de Estado. Lo de su partido tampoco se curará mientras deje hablar a estos faraones momificados de dudoso pasado sin hacerles ni siquiera una crítica. Se está construyendo un tiempo nuevo aunque los del viejo lo quieran echar abajo como ha hecho el alcalde de Barcelona, Xavier Trías, con el centro social de Can Vies. Este derribo con nocturnidad es todo un símbolo de estos tiempos: justo después de las elecciones que piden hacer política de base, el alcalde destruye un ejemplo de cultura asociativa y de barrio construido durante 17 años. La respuesta violenta que se ha generado muestra el cansancio que hay contra este régimen que quiere cargarse el tejido social. Pero estamos cambiando de piel aunque no se quieran dar por enterados. No se quieren enterar porque no se quieren enterrar. Pero el entierro de la vieja política es inevitable y los que no se enteren serán enterrados con ella.

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