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Los reyes son los padres

Como niños. Con la abdicación del rey y la sucesión de la Corona nos están tratando como si fuéramos niños a los que hay que proteger de los peligros, niños que no tienen la madurez para afrontar su destino, niños a los que se puede engañar como a tontos, niños que no pueden discutir los asuntos de los mayores. Las instituciones son los padres y nosotros niños chicos. Y los padres de la democracia han decidido que lo que conviene a los niños es seguir con la monarquía. Esto es así porque lo digo yo que soy tu padre. Cuando seas mayor lo comprenderás, comprenderás que lo he hecho por tu bien. Pero no somos niños y sabemos que lo hacen, sobre todo, por el suyo. Por guardar su trono y seguir siendo los reyes. Sabemos que lo hacen porque en las últimas elecciones han visto su corona ladeada y sus poltronas tambalearse. Sabemos que el rey preparó su abdicación para asegurarse el apoyo de PP y el PSOE de Rubalcaba que se ha ido sin irse todavía para prestarle un último servicio a la Corona antes de que la crisis de los socialistas pueda traer aires republicanos. No van a votar solo la sucesión de la monarquía, van a votar su permanencia en palacio con los privilegios intactos. No van a nombrar solo a Felipe VI, van a nombrarse a sí mismos herederos de su propio imperio. Los que hicieron la primera Transición se autoproclaman autores de la Segunda pero esta vez sin consultárselo al pueblo, no vaya a ser que les digamos que abdiquen. Hay que salvar al pueblo de sí mismo, que el pueblo no sabe lo que hace. Ya decidimos nosotros por él y le decimos lo que tiene que pensar con la inestimable ayuda de nuestro aparato mediático que ha olvidado repentinamente los escándalos monárquicos y el descrédito de la Corona y el bipartidismo y ha cerrado filas como un ejército en torno a la realeza, la borbónica y la política. Vítores y aplausos, ¡el rey ha muerto, viva el nuevo rey! Y aunque el rey va desnudo, encima quieren que hagamos como si llevara un traje nuevo. El rey y sus cortesanos nos quieren hacer creer que Felipe es la renovación que el país pedía a gritos, que su reinado limpia la cloaca en la que nadamos, y lo más insostenible, que un cargo hereditario de una institución medieval restaurada por una dictadura es lo más democrático del mundo. Democrático sería debatir con serenidad y madurez si conviene o no un cambio de modelo en un momento tan delicado. Pero si tuviéramos ese debate esta sociedad se haría adulta y podría empezar a pensar por sí misma. Y eso sí que no. Pero cuando aparcas los debates, te pueden terminar atropellando, como ha ocurrido en Cataluña, como puede ocurrir en próximas elecciones. Ya sabemos que los reyes son los padres que intentan decidir por nosotros y no es tan fácil asustarnos con el coco de la desintegración de España y el guerracivilismo. Esta democracia ya no es una niño ni nosotros nos chupamos el dedo.

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