¿No tienes cuenta?

Regístrate

¿Ya eres usuario?

Entra en tu cuenta

O conéctate con

Antonio Vega: la lucha de un gigante

Cumplió su misión hasta las últimas consecuencias. Antonio Vega llevó la vida consigo y la llevó tan metida dentro, se metió en ella tan a fondo, la vivió tan intensa y profundamente, tan de veras, tan al límite, que la consumió y se dejó consumir por ella, la dejó vacía y se sumergió en el vacío, apuró el abismo hasta los bordes, la vida hasta los huesos y se acabó yendo antes de tiempo... Se pararon los relojes en la oscuridad cuando se nos murió Antonio Vega, ese chico triste y solitario que paraba los relojes en la oscuridad para tener tiempo de atrapar las sombras que perseguía, esa voz única que era capaz como ninguna de hacer brotar en las canciones la semilla del absurdo de vivir y lo genial que, sin embargo, es estar vivo. Entre lo absurdo y lo genial se movió siempre este explorador de los polos que era capaz de retorcerse de frío para sacar lo esencial del hierro del que están forjados los hombres. Y como escalador que fue en su adolescencia y alpinista de las más elevadas melodías en su madurez, subió a las montañas más altas para caer a los abismos más bajos buscando alcanzar la cima y probar los barros y los posos de la vida, porque sabía que solo se eleva el que cae y que solo vuela el que se lanza. Así él se abrazó a las paredes verticales y consiguió transmitir el vértigo que produce mirar dentro del alma pero con sus canciones también nos dio un paracaídas para no estrellarnos cuando nos precipitamos, como dice el título de esta canción, como ángel caído. Sí, dicen que era un ángel y sabemos que fue un ángel que cayó, que ahogó su propia voz en el silencio de la droga. Como si se sintiera culpable, toda su vida fue fiel a su dolor, ese dolor que se oye en su voz, frágil y cálida como ninguna, capaz como pocas de darte abrigo aunque te habla de parajes gélidos. Esa voz que parece que habla contigo y nadie más, esa voz que no hay dolor que no puedar solucionar, esa voz que al escucharla no puede evitar dejarte llevar. Desgraciadamente, se dejó Antonio Vega llevar por el azul de la heroína y se ahogó en ese mar pero antes vagó por el mundo con su guitarra, porque su hogar estaba en cualquier sitio, como un marino sobre el océano y con la música buceó por la anatomía de las olas y nos llevó con los ojos cerrados de la imaginación hacia campos infinitos a ese lugar único en el que las canciones te acarician el pelo como una mano de sol, de espiga y deseo. Nos coge con la mano de su música y nos lleva a ese rincón de nieve, huracán y abismo en el que uno se encuentra consigo... Y de tanto navegar entre huracanes, acabó dejando su silla de montar en la cresta de una ola el chico de ayer... ese hombre huesudo pero descomunal cuya voz se distingue entre mil, te toca como ninguna y te conmueve como un gigante: Antonio Vega. Hoy hablamos de él, el chaval que tenía miedo de la enormidad en la que su voz no se oyera pero que consiguió hacerse oír como pocas y ganar con sus canciones esta lucha de gigantes abocada a la derrota que es la vida.

Cargando