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El deporte rey

Tengo un problema. Me gusta el fútbol, el deporte digo, pero cada vez aguanto menos la futbolitis aguda a la que nos someten, la colonización de nuestro tiempo, espacio y mente a través de un espectáculo que actúa como dormidera para beneficio de multimillonarios y de quienes nos prefieren anestesiados. Y lo peor es que funciona: aún movilizan más los recortes de la selección en el campo que los recortes a la Sanidad o la Educación. Como decía Sampedro, está todo muy bien pensado para que sea así. Bueno es saberlo para ponerse un condón ante la fiebre futbolera. Pero es difícil porque los medios somos implacables. Como dice mi compañera Ana Alonso, jamás en la crisis las televisiones han machacado durante días con un hashtag a favor de los parados, los desahuciados, los dependientes, los profesores o los investigadores, pero sí que llevan días dándonos la matraca para que apoyemos a la selección. Me gusta el fútbol pero no me gusta que se utilice como gigantesca hoja de opio para que hasta nuestro presidente del gobierno pueda escurrir sus innumerables bultos. El mío no es más que un problema menor que trato de solucionar con distancia y antídotos, nada comparable a los problemas sangrantes que genera el fútbol en el Mundial de Brasil. En un país con graves carencias en empleo, seguridad, vivienda, hospitales, infraestructuras y escuelas, se han hecho el mayor gasto público en la historia de los Mundiales para construir instalaciones y estadios mastodónticos de escasa rentabilidad posterior. 150.000 personas han sido desalojadas de sus hogares por las obras y los vendedores callejeros apartados de las calles turísticas para dejar sitio a los patrocinadores de la FIFA. Se limpian favelas con dureza policial para dar buena imagen a los visitantes. Organizaciones no gubernamentales denuncian el incremento de la explotación sexual a causa de un Mundial en el que la FIFA y sus socios sacan pingües beneficios que no tributan en Brasil mientras las arcas estatales se desangran como ocurrió en el Mundial de Sudáfrica en el que se perdieron 3000 millones de dólares, un 1700% más de lo previsto. Espero que las protestas de los brasileños, que los medios generalistas acallan, sirvan de freno ante tanto atropello. De momento ya le han rascado algunos derechos al gobierno. Y esto me lleva de vuelta a España, donde ganar el Mundial parece ahora más importante que ganar una democracia. Aquí estamos entretenidos con la roja mientras la monarquía nos cuela otro gol. En España, el fútbol y la monarquía producen un efecto apaciguador muy similar. Tienen mucho en común, no en vano al fútbol se le llama el deporte rey. Ambos reinan sobre nuestras vidas y nuestros medios de comunicación sin dejarnos mucha opción de elegir otra cosa. Es lo de siempre: pan y circo. Pero como cada vez hay menos pan, nos han dejado solo el circo. Todos necesitamos airearnos con algo de circo de vez en cuando, sin duda, pero cuando te obligan a ir todos los días tienes que empezar a pensar que te has convertido en la carnaza para los leones.

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