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El miedo ha cambiado de bando

El miedo no ha cambiado aún de bando, como dice una de las consignas más repetidas en las protesta, pero el miedo ha pasado también al otro bando desde las pasadas elecciones del 25 de mayo. Ha pasado al bando de las élites que hasta ahora tenían el monopolio del miedo y tienen atemorizada a una gran parte de la población con el austericidio, el paro, la precariedad, la represión y el control social. Pero el vendaval de los perroflautas bolivarianos de Podemos y el gran ascenso de los partidos tradicionales alternativos al bipartidismo, han puesto a los que mandan de los nervios. El miedo no ha cambiado de bando pero se ha igualado la contienda. En los años que llevo de periodista, les he podido ver inquietos ante las mareas de indignación y reacios a los cambios, pero jamás les había visto asustados, tan asustados, ante la posibilidad de perder una parte del poder e influencia que tienen. Por primera vez se han dado cuenta de que ya están perdiendo su lugar en el mundo y han desplegado toda su maquinaria política y mediática para tratar de revertir esta tendencia que les empuja fuera del centro del tablero. Se huele el miedo. Se huele en el histriónico cierre de filas en torno a la monarquía y en su estruendoso silencio ante el debate republicano. Se huele en Rajoy que habla ahora de regeneración democrática. Se huele en el PSOE que da palos de ciego porque quiere modernizarse sin dejar de ser antiguo régimen. Se huele en la dirección de Izquierda Unida que deja paso a las nuevas caras pero se arroga la hegemonía en el debate de las esencias. Se huele en UPyD que acusa a Podemos del mismo populismo que caracteriza al partido magenta. Y se huele sobre todo en la burda demonización de Podemos por parte de caverna. Que vienen los rojos. No queda nadie por atacar a Pablo Iglesias y su formación, desde el PP en bloque hasta el intelectual de 13tv, Bertín Osborne. No hay improperio, descalificación, bajeza, insulto o vómito que no haya salido de sus bocas. Se pueden discutir con sensatez algunas propuestas de Pablo Iglesias, su ambigüedad sobre Venezuela o Cuba o los matices de sus palabras sobre el terrorismo, pero la repugnante campaña de desacreditación, les deja en evidencia y consigue lo contrario de lo que pretenden. Han convertido a Pablo Iglesias en la Belén Esteban de las tertulias políticas. Cuanto más hablan contra él, más gente está con él. Van a acabar convirtiéndole en el rey laico del pueblo. Lo que les asusta no es solo el partido Podemos sino que la gente podemos llegar a darles la espalda. Les asusta comprobar que sí se puede. Que podemos tomar no solo la calle sino también las urnas que eran su último refugio. No hay que subestimar su capacidad para parar el golpe y devolverlo pero ahora mismo están contra las cuerdas y hay que aprovecharlo porque quizá no haya otra oportunidad. Cuanto más miedo demuestran, más entusiasmo despiertan en el bando de la ciudadanía que pide cambio. Cuanto más miedo tienen ellos, menos miedo tiene la gente. No hay que tenerle miedo al cambio.

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