Últimas noticias Hemeroteca

De los ritos ancestrales a Halloween: la cultura de la muerte en el mundo

Desde que el hombre existe ha llevado a cabo rituales para acercarse a los muertos, honrarlos o defenderse de ellos. De alguna forma, se mantienen hoy en día en distintas partes del mundo.

Cementerio de un pueblo de Extremadura preparado para la celebración de Todos los Santos y Fieles Difuntos. /

Los homenajes a los muertos no se celebran en todos los lugares al mismo tiempo. La vinculación occidental al 1 y al 2 de noviembre se debe a custiones relacionadas con el cristianismo y a sus celebraciones de Todos los Santos y de los Fieles Difuntos.

Desde los tiempos más remotos existe una cultura de la muerte, porque el ser humano siempre ha reflexionado sobre el fenómeno de la muerte. Es por eso que empezó a tratar los cadáveres, al mismo tiempo que levantaba todo un conjunto de creencias sobre lo que podría ocurrir después del fallecimiento. El antropólogo y catedrático de Arqueología Americana de la Universidad Complutense de Madrid, Miguel Rivera Dorado, considera que existe una "absoluta intolerancia al fenómeno de la extinción, de la aniquilación. Está en lo más profundo del instinto de supervivencia del ser humano, y eso se traduce en reflexiones, razonamientos y argumentos sobre lo que puede pasar cuando la muerte se produce".

Los rituales de homenaje y recuerdo de los antepasados se observan en todas las civilizaciones. Hay un rasgo común en todas ellas: al difunto no se le desecha ni se le tira, sino que se le trata con honores, que varían en cada una de las culturas. En algunas, se opta por enterrar a los muertos, en otras se les incinera, o se deja que los animales carroñeros devoren sus restos. Todo depende de lo que en cada civilización se piense que va a ocurrir después del fallecimiento. "El ritual funerario en todas las culturas tradicionales o históricas ha sido una parte sustancial de la cohesión social, del propio sistema de integración de los individuos", asegura Miguel Rivera. "El muerto no desaparece, sino que continúa en la sociedad y es parte de la integración de todos los miembros de esa sociedad".

En los países en los que predomina la creencia religiosa católica, las celebraciones de homenaje a los muertos se sitúan entre el 31 de octubre y el 2 de noviembre. Pero, incluso esto, podría considerarse una anomalía dentro de lo que han sido las honras funerarias a lo largo de la historia, un distanciamiento de la tradición, como señala el profesor Rivera Dorado. "Los ritos han evolucionado tendiendo a una mayor pobreza. Sobre todo en el mundo occidental y desarrollado, mucho más descreído. Se han perdido muchas de esas creencias tradicionales o se han colocado en un segundo plano. El trato a los difuntos es más difuso".

Ritos dispares

Altar realizado por el actor hispano Valente Rodríguez para la festividad del Día de los Muertos en el Museo de Arte Latinoamericano en Los Ángeles / LUIS URIBE (EFE)

En el mundo católico, y con mucha más profusión en las zonas rurales que en las grandes ciudades, las tumbas de los cementerios son limpiadas y adecentadas en estas fechas. Se colocan flores y se visita a los difuntos. En eso ha quedado el ritual del recuerdo con la modernización y el avance de los tiempos. Un recuerdo que antiguamente se mantenía casi a diario, en privado, en el interior de cada hogar. Solían colocarse fotografías de los antepasados fallecidos u objetos que les pertenecieron, en lugares destacados de las casas, para tenerlos siempre presentes. Una tradición que se mantiene hoy en China, donde "el homenaje es prácticamente diario", recuerda Miguel Rivera Dorado. "Dentro de las casas chinas hay altares donde se colocan los retratos de los difuntos y se encienden llamas e incienso. Cualquier cosa que se haga ante una foto de un difunto ya es un acto de memoria y de homenaje".

En muchos países de América Latina, la visita a las tumbas es casi una peregrinación en masa. En México, donde el Día de los Muertos está considerado Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO, se realizan altares, y se preparan platos de comida que eran del gusto de los difuntos, como forma de agasajarlos. La artista mexicana Patricia Fornos, que este mes expone en "La Manuela", en Madrid, su colección de personajes célebres mexicanos calaverizados, señala que "en los altares no deben faltar las flores, que representan al sol, la sal, el copal, que limpia de malas energías, las velas, para que el difunto encuentre el camino al altar. Es un homenaje a las personas que se fueron. Por eso se pone todo lo que les gustaba: si fumaban, sus cigarrillos, si bebían, su bebida favorita, si tocaban la guitarra, pues el instrumento en cuestión. Te tomas tu tiempo para honrar a la persona que se fue". Aunque, sin duda, en México, la protagonista del Día de los Muertos es la calavera, llamada "La Catrina", que es la decoración más repetida en estas fechas en todas sus representaciones: desde la cerámica a la pintura, pasando por las golosinas.

Niños disfrazados para la fiesta de Halloween / ATHIT PERAWONGMETHA (Reuters)

Los países anglosajones celebran Halloween la noche del 31 de octubre. Esta fiesta, trasladada a América por los emigrantes irlandeses, hunde sus raíces en el ritual celta del final del verano y del fin de la temporada de cosechas. Para Miguel Rivera Dorado, no obstante, "es una fiesta artificial que tiene mucho que ver con la comercialización que se hace en occidente de los ritos y las tradiciones históricas". Sin embargo, sí pervive algún rasgo ancestral: el uso de máscaras y disfraces, como las que se utilizan en muchos lugares de África para invocar a los muertos. "Una máscara cambia la personalidad del indivíduo y, por lo tanto, está en mejores condiciones de comunicarse con el más allá", reconoce Rivera Dorado. "Es una puerta abierta a otros mundos, como los espejos, utilizados ya por los mayas para hablar con los difuntos. Estos ritos necrománticos requieren de esos pasos intermedios que nos comuniquen con el más allá".

La luz y los amuletos

Algunas culturas orientales utilizan la luz para honrar a los muertos. Japón celebra la fiesta Obon en pleno verano. Dependiendo de las zonas, en algunos lugares se conmemora en julio o en agosto. Consiste en la representación de determinadas danzas y bailes, así como en el encendido de linternas o farolillos que se arrojan al agua para indicar el camino a los difuntos. El antropólogo Rivera Dorado dice que "la luz puede ser guía para los difuntos. En determinadas épocas del año, según las diferentes culturas, los muertos retornan espiritualmente a la tierra. Y la luz les sirve para saber a dónde tienen que ir o dónde tienen la ofrenda. Otras veces, el simbolismo de la luz es el de iluminar ese otro mundo en el que se encuentran los espíritus, o la luz interior que se quiere otorgar a los antepasados como homenaje".

Linternas funerarias en el agua para honrar a los muertos en Hiroshima, Japón / Getty

Muchas veces, lo que se busca no es atraer a los espíritus, sino ahuyentarlos. Para esos casos, también hay rituales, tan variopintos como las culturas o las zonas de la Tierra en las que se utilizan. Lo normal es que haya un objeto que se usa como amuleto para evitar que los difuntos vuelvan al hogar. Según Rivera Dorado "hay lugares donde se les teme, porque piensan que no se les ha tratado bien en vida o después de la muerte con los rituales adecuados. Se teme que puedan volver para vengarse. Por eso hay un montón de procedimientos apotropaicos para defender a las personas y a las casas de esos espíritus que retornan y que podrían ser vengativos o peligrosos". Es como un amuleto protector que se coloca en algún lugar de la casa. En esta categoría podrían estar incluidas las ristras de ajos, que se colgaban en muchos hogares de centroeuropa para repeler a los vampiros; o los espejos, las campanillas y hasta los animales que llegaban a sacrificarse para que los difuntos no pudieran tener contacto con las personas que allí habitaban.

Cargando
Cadena SER

¿Quieres recibir notificaciones con las noticias más importantes?